martes, 24 de mayo

Ciudad Real

Visita nuestra página en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Instagram Síguenos en YouTube
Buscar
Logotipo de Ciudad Real Digital

Opinión

Grito de auxilio de la Plaza Mayor de Ciudad Real

Por José Vinuesa Rodríguez.

Imprimir noticia

Estimados conciudadanos, quiero dirigirme a vosotros, aquellos que me paseáis en estas fechas buscando un rayo de sol, a los que disfrutáis con el corretear y bullicio de los niños, a los que saboreáis unas buenas cervezas con las mejores compañías y os olvidáis del duro día agotador o semana complicada.

También a los que, con sus espectáculos, ritos culturales o religiosos, y propietarios de los negocios que me rodean y acojo en mi seno, me utilizáis cuanto podéis, que es mi orgullo y la función para la que fui construida.

A todos vosotros quiero lanzar este grito de auxilio para que entendáis, como me siento desde un 30 de julio de 1988, que amanecí deslumbrante, renovada, altanera y hermosa, con mi pavimento reluciente, mi fuente salpicando aguas cristalinas, mis soportales coloridos y arropando los accesos de los locales, mis bancos robustos para dar descanso y sosiego a mis vecinos y las farolas nobles y esbeltas que iluminan las almas de todo aquel que me visita, todo revisado al mínimo detalle por la escultura de Alfonso X, que se alza sobre el plano más elevado.

Desde estos inicios, la primera corporación tomó unas medidas, las cuales prohibían el acceso a camiones de gran tonelaje a este recinto, y prohibían el taladrar o colocar ningún tipo de espirro en el flamante pavimento.

Las siguiente u olvidaron o no lo incluyeron en las nuevas normativas, o dejaron de proteger este recinto sin importar su deterioro en aras de dar una serie de actividades o espectáculos, algo interesante y necesario, pero que podrían ser con otras opciones menos agresivas.

Hasta hoy, he sufrido centenares de taladros abrasivos con espirros metálicos que dejan incrustadas en mi piel unas vainas metálicas para siempre. Entenderéis cuando los taladros pasan ardiendo, retorciéndose y arañando mi piel una y otra vez y como os sentiríais si cada vez que recibís una inyección, os dejaran un residuo metálico interno para toda la vida.

Hoy llevo el peso de muchas zonas que en menos de 1 m2 existen hasta más de 100 vainas incrustadas.

¿Alguien dejaría que en su patio o propiedad privada se hiciera tal despropósito?

Y como sufro el paso de camiones de gran tonelaje, que tensan mis nervios y fatigan las vigas de los forjados del aparcamiento que soporta mi base, y que fueron proyectadas para una menor carga. Y como noto que mis losas se resquebrajan, mueven y hunden de su posición inicial.

Pediría a la corporación actual que escuche mis lamentos y modifique la normativa de accesos a esta Plaza Mayor, creando una normativa explicita para este espacio.

Cuidemos nuestro patrimonio y no lo dejemos olvidado para recuperar luego cuando ya esté deteriorado o maltrecho.

 

 

 

 

 

 

Cuidemos la labor de los que hicieron los primeros diseños, los que la dirigieron, la ejecutaron y sobre todo aquellos hombres rudos que sin maquinaría alguna, movían las pesadas piedras, algunos ya no están con nosotros, pero otros muchos sí y les gustaría que su obra, la que sienten suya y de todos los ciudadrealeños, se cuidara y respetara.

Ya sé que fui una plaza criticada por muchos factores incluso por profecías de inundaciones que después de 32 años no han ocurrido. O por mi aspecto o materiales, pero aparte de esto, siempre seré vuestro centro neurálgico, vuestro cobijo, vuestro esparcimiento, vuestro centro de protestas, demandas, centro para expresar vuestras penas y alegrías, de acogimiento y cuidado de generaciones y eventos que harán historia o la cambiarán.

Un abrazo de vuestra Plaza Mayor.