jueves, 9 de julio

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Opinión

Hipocondría existencial o de conveniencia

Por Fermín Gassol Peco

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Alguien tuvo la ocurrencia de definir a un pesimista como un optimista mal informado. El autor de tal definición sería alguien que viera también siempre la botella medio vacía. Estas expresiones tan conocidas y usadas expresan una realidad anímica aunque si la hubiera pronunciado un optimista sería el pesimista quien estaría mal informado y vería la botella medio llena. Pero lo cierto y verdad es que en ambos casos los dos pueden llevar razón.

Me da que ser de una manera u otra no es cuestión de informaciones, que en esto no suele haber conversiones, pues quien nace pesimista o lo paren optimista muere de igual guisa.

Sin embargo en este “fifty- fifty” sobre la apreciación del líquido que contiene la botella se desvirtúa por completo cuando la botella tiene dos gotas y la vemos medio llena o en el caso de estar llena del todo y nos empeñamos en verla casi vacía. Porque como en todo, en esto también existen grados.

Conocí a uno que siempre tenía tres termómetros sobre la mesa del salón para medir la fiebre por si acaso fallaban dos de ellos. Es el caso más palmario de un pesimista, el de los hipocondríacos para quienes el hombre es un ser que nace, enferma y siempre acaba muriendo.

Y en el otro extremo se sitúan los alegres optimistas, como aquel que todos conocimos, el célebre condenado de la película “Primera Plana” al que iban a ejecutar de madrugada y estaba preocupado por el constipado que tenía. Al final el tío salva el cuello y se cura del resfriado. Son muy distintas maneras de enfocar la vida.

Decía Napoleón Hill sobre esto que el optimista se equivoca con la misma frecuencia que el pesimista, pero es incomparablemente más feliz. Sin embargo la coartada que tiene el pesimista para serlo se basa en que tarde o temprano acaba teniendo razón, cierto es en algún caso, pero en su contra está el hecho de que por ejemplo, solo se muere una vez y mientras tanto lo pasa fatal. Al contrario el optimista vive feliz mientras no le llega algún revés y cuando eso sucede lo aprovecha para impulsarse sobre él.

El pesimista suele ser más crítico pero demasiado analista y calculador,  al contrario del optimista que le “da más gordo” a la vida y suele ser más resolutivo y práctico.

Dicen los especialistas que el origen de tales condiciones es inamovible porque parece ser un componente más de la carga genética que cada ser lleva puesta y eso, como el color de la piel resulta inalterable.  

Pero como andamos empeñados en que no todo en esta vida resulte natural, también existen como banderas en los barcos, pesimistas  y optimistas de conveniencia que nada tienen que ver con su siquismo sino con sus intereses. En este mundo de artificialidades y conveniencias hay muchas personas que tienen en sus armarios colgados los dos ropajes según les vengan los vientos.

Veamos ¿a que les suena esta frase de Churchill? ”El optimista ve una oportunidad en cada calamidad y el pesimista una calamidad en cada oportunidad”…Dirán, si la dijo Winston Churchill,  será algo relacionado con la política, ¡uhmm!……pues sí, caliente, muy caliente.