Opinión
Asistimos de manera casi cotidiana a hechos de distinta índole y calado que bien podrían ser materia de estudio en las facultades de psicología. Iniciativas más o menos ingeniosas producto de mentes vivaces o consecuencia de la necesidad. Estas líneas tratan sobre algo de eso. La noticia en cuestión refería a un amigo de lo ajeno que no tuvo ocurrencia más práctica que la de entrar en una sucursal bancaria para robar…la máquina de contar dinero. No indicando en ningún momento el motivo de semejante intento de apropiación, me vienen a la cabeza dos posibilidades.
La primera, que teniendo el dinero en casa necesitara la cómoda máquina para poder contarlo de una manera fácil y rápida además de estar seguro de la cantidad entregada y evitarse el rato y el apuro de hacerlo en público. Cabe preguntarse ahora si el dinero doméstico y aparentemente tan cuantioso como para tener que auxiliarse del artilugio fue fruto del sudor propio o del ahorro ajeno, siendo ésta la que tiene pinta de ser más creíble.
La segunda posibilidad es la de que estuviese preparando la apertura de un negocio siempre por partes; primero creando la infraestructura necesaria y luego almacenando el género. Y qué herramienta más idónea para contabilizar el almacenamiento de billetes que esa “máquina ventilador” que cuenta en un minuto tanto dinero como el que gana más de media humanidad en toda su vida. Por las características del aparato a conseguir, el volumen de negocio que pretendía manejar debía ser muy importante.
Sin embargo, todas estas hipótesis solo se antojan meras elucubraciones de un ocioso jubilado de banca, porque al leer el final de la noticia supe que el ahora ya declarado aspirante a atracador estando en la calle vio que la maravillosa “lámpara de Aladino” se encontraba vacía, una desagradable sorpresa que hizo montara en cólera y la estrellara contra la acera.
Un “negocio menos” en estos tiempos donde su número está cayendo en picado. Por lo demás este atracador burlado debía ser un lego en la materia pues confundió la máquina de contar billetes con la fotocopiadora, el fax…o quizá llevado de su ansia, con una máquina de hacer dinero; un novato pero con ideas, porque me temo que lo que tenía en perspectiva era montar en su casa un fabuloso negocio, una pequeña sucursal del Banco de España.