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Santiago Segura, actor y director de cine

Opinión

La chusma catalana gritaba: ¡Refugiados sí españoles no!

Artículo de opinión de Emilio Nieto López, Primer Decano de la Facultad de Educación UCLM

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Foto: 20minutos.es

Sin lugar a dudas, Ussía es uno de los escritores más importantes que tenemos en estos momentos en España y una de las inteligencias más preclaras a la hora de analizar el pasado, presente y futuro de nuestro país. Con sus artículos, en el periódico la Razón, ha conseguido que este medio informativo y de opinión se comience a leer por la última página porque muchos entendemos que lo que dice Ussía es lo más importante que genera la actualidad periodística en nuestra nación.

Pues bien, hace unos días, concretamente el sábado día 26 de agosto de 2017, en el que todos sentimos en lo más profundo de nuestro corazón el zarpazo terrorista contra una parte de España y aunque no pudimos físicamente estar en la manifestación contra el terror y a favor de las víctimas, pero si fuimos espléndidamente representados por el gobierno y el presidente de la nación, nos dolió profundamente que un grupo de energúmenos representantes de lo peor de un pueblo, gritara contra el rey, contra el presidente del gobierno y lo peor de todo contra los españoles que silenciosamente caminaban por la Rambla de Barcelona.

¡Refugiados sí españoles no! Cuando un español grita contra su hermano que le está acompañando en el dolor y que siente la maldad yihadista que ha sembrado la muerte en una de las más emblemáticas calles barcelonesas, símbolo de reconciliación, paz y tolerancia entre todos, algo muy grave está ocurriendo en esas mentes xenófobas, incitadoras a la violencia y a la discriminación más insana. Debe haber llovido mucho en sus conciencias de odio, de maldad, de envidia y de intolerancia ante sus semejantes.

Cataluña es una región de España que se ha ido construyendo con multitud de españoles venidos de otras regiones de España para lograr una vida mejor, una vida de trabajo y una vida en paz. Pero, poco a poco, los dirigentes catalanes han ido modificando con la educación, la conciencia sana de toda esa plural multitud, al mismo tiempo que les han ido sembrando la mentira, gran mentira del bienestar a través de convertirse en un pueblo soberano y no dependiente de la nación española que, como ellos dicen, con sus impuestos y con su poder les ha arrebatando la libertad y les está robando.

A estas alturas de la situación, cuando grupos antisistema como la CUP o incluso Podemos están sosteniendo a un gobierno nacionalista que no sabe si va o viene, que ha perdido el norte de la política y que se ha lanzado a una piscina sin agua como es el independentismo, nadie pone en duda que uno de los elementos fundamentales de este descalabro social fue la cesión de la competencia educativa por parte del estado central a la comunidades autónomas. Cataluña, desde hace mucho tiempo, viene desobedeciendo al alto tribunal porque la mayoría de las sentencias quedan sin cumplir por la Generalidad. Hace ya tiempo la lengua española, cooficial con la catalana, no es la lengua de las instituciones educativas. En las universidades Catalanas el español ni se habla ni se escucha y mucho menos es el vehículo de investigación, decisión y gobierno.

Muchos padres han clamado al gobierno central que ponga orden en las aulas catalanas en la que solamente se habla catalán. La educación en Cataluña se realiza en catalán y está claro que se persigue a la lengua española porque como dice el refrán castellano: No hay mayor desprecio que no hacer aprecio. ¿Alguien tiene dudas de todo esto? Pues esta es la realidad aunque nos parezca cruda y dura. Antes las calles se rotulaban en catalán y en español pero unas veces veladamente y otras a la luz del día se ha bonificado por parte del gobierno regional al establecimiento que ha cambiado el nombre español por el catalán. Decía Nebrija: la lengua es compañera del imperio, es decir de la grandeza de un pueblo y por supuesto exponente de su cultura y tradición mundial. La lengua catalana nunca tendrá ni la cultura, ni la tradición mundial que la española, hablada por más de 495 millones en todo el mundo frente al catalán que solamente lo hablan unos nueve millones de personas.

En muchas ocasiones he dicho y así lo atestiguo que la región catalana nunca ha sido nación a lo largo de su historia, siempre ha sido dependiente de Aragón, Navarra o Francia. Los gobernantes de la comunidad catalana vienen engañando al pueblo desde el momento de la asunción de competencias concedidas por el estado central a causa de los favores concedidos a los gobiernos del PP y del PSOE para poder lograr las mayorías suficientes en el gobierno de la nación. La dependencia, y la debilidad de Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero pidiendo el apoyo al nacionalismo catalán, ha fortificado sus demandas de independencia y sus odios a todo lo que huela a español, cuando saben que más de la mitad de sus habitantes, el 60%, proceden de otras regiones de España. Y como señala el profesor Marín Cobera la acogida de los emigrantes por parte de los catalanes, no fue precisamente una luna de miel, ya que tuvieron que desarrollar los trabajos más duros, vivir en barracones y cuevas y sufrir todo tipo de discriminación por razón de ser andaluces, gallegos, castellanos o extremeños.

Los gritos de aquellos miserables, colados por Ada Colau y Puigdemont delante de las autoridades nacionales, presidente del estado, presidente del gobierno, ministros y demás personalidades, en la gran manifestación celebrada en Barcelona, como dice Ussía: a favor del terror y en contra de las víctimas, aún me hieren en lo más profundo de mi ser como persona y como español: ¡Refugiados sí españoles no! ¿Hasta dónde se puede llegar en maldad, en discriminación, en odio hacia tu compatriota, cuando aún están calientes los asesinados por los terroristas, cuando todo el mundo democrático se ofrece para ayudar a las autoridades locales, regionales y nacionales?

Engendrar odio en el corazón del ser humano es el mayor de los males que una persona puede cometer con otra; pero engendrarlo por parte de los gobernantes de un territorio entre sus ciudadanos es un crimen de deslealtad institucional cuyas consecuencias se pueden perder en los tiempos de la historia. Nunca una nación se ha formado a base de odio y de mentira. Es perverso el que a base de engaños quiera sobresalir sobre su semejante.

Amigos andaluces, gallegos, extremeños y castellanos que un día fuisteis a buscar trabajo y bienestar a Cataluña y en muchos barrios de Barcelona se podía leer: Xarnegos fora: aquí termina Cataluña, así es la historia, porque ahora sois vosotros, fundamentalmente vosotros los que gritáis: fora españoles. Triste paradoja del destino, pero realidad con odio, introducido en el corazón de los humildes para tapar las vergüenzas de una clase burguesa que, durante muchos años, ha ido robado los bolsillos de los catalanes al mismo tiempo que sembraba en sus almas el odio al español por el mero hecho de considerarlo enemigo de sus grandes fechorías sociales, económicas y hasta culturales. Yo quiero ir a Cataluña y todos los españoles queremos ir a Cataluña para decir, muy alto, que esa tierra también nos pertenece y que nadie ni nada nos puede arrebatar una parte de nuestra querida patria por la que tanta sangre se ha derramado, a lo largo de la historia.