miercoles, 23 de septiembre

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Saza, ese hombre

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Por José Luis Vázquez

¿Recuerdan un documental apologético de 1964 sobre Francisco Franco titulado FRANCO, ESE HOMBRE? Pues bien, aquél panfletario pero meritorio trabajo sobre el dictador, dirigido por el gran José Luis Sáenz de Heredia, primo de José Antonio Primo de Rivera, firmante también de la genial comedia HISTORIAS DE LA RADIO, me sirve para homenajear en la hora de su fallecimiento al contratipo del régimen, al currito vende porteros automáticos, al hombre del pueblo, al typical spanish por antonomasia en compañía de José Luis López Vázquez y Alfrendo Landa. A ese inmenso actor secundario, al barcelonés José Sazatornil, conocido popularmente como Saza.

Este inminente 13 de agosto hubiera cumplido 90 años. Noventa años transpirando interpretación por todas sus venas. Debutó en un escenario a los 6 y a los 13 ya estaba haciendo sus pinitos como actor aficionado. Fue profesional del cine, del teatro y de la televisión.

Trabajó en los 50 en la compañía de Paco Martínez Soria, con el que debutaría en la gran pantalla con un título hoy en día olvidado, FANTASÍA ESPAÑOLA de Javier Setó. Pero a partir de ahí se labró una dilatada y fértil carrera tras las cámaras. Más de 110 títulos la contemplan, para ser exacto y tras vistazo previo a la wikipedia y similares, 114.

Fue eso injustamente denominado como actor secundario o de reparto, de esa bendita especie que precisamente dan fuste y sentido a tantas secuencias o sacan del apuro a tanto galancete o galana de turno.

Su gran mentor sería el más grande, el mejor cineasta para este cronista –junto a Ladislao Vajda- de nuestra historia, el mediterráneo y fallero Luis García Berlanga. Tres títulos rubrican su colaboración. El primero, EL VERDUGO, una los cinco tesoros imprescindibles autóctonos en celuloide. Después figuran LA ESCOPETA NACIONAL y TODOS A LA CÁRCEL.

En la primera de ellas era un catalán vendedor de porteros automáticos (su padre había sido comerciante de la ciudad condal), Jaume Canivell, invitado a una cacería de prebostes del antiguo régimen a los que trataba de incrustar infructuosamente su producto. Una frase, hay muchas más, bien podría revelar que en algunos aspectos en cuanto a comportamientos personales, éticos, el estado de las cosas no ha cambiado tanto.

Hagan si no ustedes mismos la reflexión: “Si tú, dado el interés nacional del aparato, me apoyas un poco, entonces nos podríamos llegar a forrar sustanciosamente todos. Quiero decir una nueva forma de riqueza para el país: creación de nuevos puestos de trabajo, quizá mejora de la balanza de pagos, dado que la patente es mía…”. Berlanga, aparte de genial cineasta demostró ser todo un visionario.

Aunque para frase, más bien diálogo, morrocotudo y contundente, este otro de la misma película (en aras a ser justo, he de constatar que ambos parlamentos los he extraído de un artículo de Carlos Prieto para elconfidencial). El citado en cuestión es: “-Canivell, así que usted, políticamente, no está comprometido. –Apolítico, total… de derechas, como mi padre”.

Pero dos son los papeles que pueden condensar y representar su trayectoria. El de Jefe de la Propaganda Nacional, Alberto Sinsoles, en ESPÉRAME EN EL CIELO, papel que le valió el único Goya de su carrera al mejor actor de reparto. Y el del particularísimo cabo Gutiérrez de la delirante AMANECE, QUE NO ES POCO.

Hay más intervenciones que el cinéfilo puede evocar. En LA COLMENA, LA CIUDAD NO ES PARA MÍ, EL AÑO DE LAS LUCES, LAS QUE TIENEN QUE SERVIR o la reivindicable –de nuevo Sáenz de Heredia a escena- LOS GALLOS DE LA MADRUGADA.

Su mandíbula prominente, su carcajada amplia, generosa, su personalísima gracia, su viveza y su inalterable afabilidad aún cuando se encabronara hasta el hartazgo, seguro que permanecerán inalterables en el recuerdo de muchos, sobre todo amantes de ese cine patrio entrañable a veces, casposo otras tantas, que forma ya parte de nuestro patrimonio y educación sentimental.

Descanse en paz.