Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

27/03/2016

Sábado, 26 de marzo

-Descubro en Sundance Channel una muestra fantástica y terrorífica bastante apreciable y sin estrenar en las pantallas comerciales españolas, THE CALLER (algo así como LA QUE LLAMA), una producción británica con alguna aportación portorriqueña, dirigida por Matthew Pankhill (EL PUNTO SOBRE LA i, también adscrita al suspense, con Gael García Bernal y Natalia Verbeke):

No entiendo cómo se proyecta en las grandes salas tanto desperdicio gore y se ignora un trabajo de estas características, que al menos ofrece alguna dosis de originalidad y genera desasosiego creando atmósfera y claustrofobia a través de entornos de lo más cotidianos.

Prácticamente desde su inicio resulta inquietante y constituye la demostración de que cómo con un mínimo de elementos y con un presupuesto modesto, se puede ofrecer cine de estas características sin insultar la inteligencia del espectador.

Bien la protagonista, Rachelle Lefevre, y efectivo el guión de Sergio Casci, sin que se noten excesivamente los costurones y el artificio de esos juegos espacio-temporales. En este terreno y salvando todas las distancias habidas o las intencionalidades, ahí están también la igualmente fantástica FREQUENCY y, en una vertiente puramente policíaca, ÚLTIMA LLAMADA, ambas muy valorables.

Reconozco haber pasado un entretenido e intranquilo rato de principio a fin.

Frase:

¿Puedo hablar con Bobby? (Lorna Raver)

-Tal vez pueda considerarse el péplum italiano, europeo (es una coproducción a tres bandas, una de ellas la de la piel de toro) más representativo de aquél fértil periplo que abarca principalmente el final de la década de los 50 y toda la de los 60. Se trata de EL COLOSO DE RODAS (IL COLOSSO DE RODA) que veo en DCine Español:

Los años transcurridos en este caso sí pesan, pero si se acude a un sentido simpáticamente caduco y genuinamente entretenido, se puede disfrutar moderadamente. Que fuera escrita por siete guionistas no deja de resultar sorprendente, aunque supongo que eran los peajes a pagar por la diversidad de todo tipo que solía acoger este tipo de coproducciones.

Lo mejor continúa siendo el diseño del coloso (35 metros el original, todo un reto par a la época y un triunfo de la ingeniería, estuvo en pie 60 años y fue considerada una de las 7 maravillas del mundo, casi tan alta como la Estatua de la Libertad construida 2000 años después), el sentido del espectáculo (propio de su director) y ese último cuarto de hora del terremoto, en el que un efectivo cartón piedra campa a sus anchas.

El atlético y grandote actor estadounidense Rory Calhoun, especialista en westerns de serie B, encabeza un reparto con el que solazarse, tanto por la presencia de una jovencísima Lea Massari (había hecho ya sus escarceos con el plasta de Antonioni) como por la presencia de entrañables secundarios como Conrado San Martín, una ambiciosa Mabel Karr, Ángel Aranda, el hercúleo Mimmo Palmara o Jorge (George) Rigaud, otro norteamericano recalado por nuestras tierras, inolvidable San Valentín de EL DÍA DE LOS ENAMORADOS, un actor de presencia siempre elegante y afable.

La historia es suficientemente conocida por bastantes: la disputa de la isla que da título a la película (y al coloso), codiciada por los dos grandes Impeerios de la época, fenicios y griegos. Es muy típica en su planteamiento y supongo que carente de verdadero rigor, pero resulta fácilmente conectable con cualquiera dentro de su elementalidad.

A destacar algo verdaderamente importante. Supuso el debut oficial tras las cámaras (había sustituido a Mario Bonnard en LOS ÚLTIMOS DÍAS DE POMPEYA, pero no se puede considerar suya) del –en todos los sentidos- enorme cineasta Sergio Leone, el único al que puedo salvar de la quema de esa nefasta corriente e influencia llamada spaghetti western. El firmante de esa monumental y soberbia ÉRASE UNA VEZ EN AMÉRICA. El italiano muestra ya desde sus comienzos su considerable capacitación técnica, sus movimientos de masas o actores y ese buen y detallista gusto visual que le caracterizaba.

Todo un ejercicio de nostalgia para muchos, entre los que me incluyo.

 

-Me planteo ya en serio ir comenzando a revisar mi inabarcable dvdteca y blurayteca desde el primer volumen. Ahora creo que sí va la buena, pues había iniciado el año con las mejores intenciones revisando EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS, JENNIE y AL FINAL DE LA ESCALERA. Lo hago con una verdadera debilidad desde mi más tierna infancia, SINUHÉ EL EGIPCIO (THE EGYPTIAN):

Me chifla la película, pero es que la novela en que está inspirada, supone para mí algo muy especial.

Constituye otra de esas causas cinematográficas aparentemente perdidas que, en esta ocasión, defiendo con mayor ardor guerrero que nunca. Por varios motivos, el más obvio porque se lo merece, porque me parece una maravilla en sí misma, porque supone la adaptación de uno de mis tres libros de cabecera, de los que más me ha marcado a lo largo de mi vida y porque me sirve como inmejorable ejemplo de Hollywood más “kitsch”, hechizante y fastuoso de la década de los 50.

Dirigida por uno de los cineastas más grandes que hayan existido jamás, el todoterreno Michael Curtiz, el de CASABLANCA, ROBÍN DE LOS BOSQUES, EL TROMPETISTA, LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA, ALMA EN SUPLICIO y decenas de impresionantes títulos más volvió a llevar a cabo un espectacular y emotivo trabajo, apoyándose en un inteligente, por divulgativo y sintético, guión de Philip Dunne y Casey Robinson, extraído de la sensacional novela historicista del finlandés Mika Waltari.

Transcurre en el Antiguo Egipto y el telón de fondo es el reinado del faraón Akenatón, el primero en significarse monoteísta. Este por tanto es uno de los variados y ricos contenidos argumentales que también contribuyen a hacérmela especialmente apasionante.

Me encanta la historia vocacional de ese médico de pobres que acaba cayendo en pendiente por las aceleradas pulsiones del corazón. Es esto último, su doble historia amorosa lo que más me conmueve.  Al fin y al cabo por algo con lo que cualquier ser humano puede identificarse, con ese amor, por esa pasión ciega hacia personas indebidas que pueden conducir al mayor de los precipicios físicos y ruinas morales, tal como es el caso, el llegar a vender la tumba de los propios padres para prolongar esa dulce y engañosa agonía.

Ese grito de desesperación de Sinuhe, “Nefer, Nefer, Nefer” resulta todo un lamento identificable para todos aquellos que se hayan sentido alguna vez devastados por una vivencia igualmente en vano y arrasadora. Curiosamente, la encargada de encarnar a la susodicha fue Bella Darvi, que hacía perfecto honor a su nombre, y que en aquél momento era la pareja del todopoderoso productor de la Fox Darry F. Zanuck. Inicialmente se había pensado en la mismísima Marilyn Monroe.

También fueron otros los previstos para el papel principal, el de ese médico que comienza siendo humilde y generoso pero  que acabará equivocando su camino. Interpretado finalmente por un convincente Edmund Purdom, Dirk Bogarde y Marlon Brando habían sido los primeros candidatos.

El resto del reparto, sobre todo el femenino, es verdaderamente “de luxe”. Comenzando por uno de los rostros más hermosos, por no decir el que más, que hayan rasgado jamás una pantalla. El de Gene Tierney, la mítica Laura, aquí como la aguerrida hermana del faraón (Baketamón), que vive una relativamente encubierta relación incestuosa con éste y que lega una inolvidable estampa a costa de su arco tensado.

La otra mujer de tronío, adorable siempre Jean Simmons (Merit), es la mejor personificación posible del amor incondicional, auténtico, desinteresado, paciente, también del abnegado. Tal vez un prototipo hoy un tanto demodé o fuera de órbita (o no), pero administrado con exquisita sensibilidad por esta enorme actriz.

También se pude advertir la representación de la ambición, del poder vía militar, expuesto con la percha del inefable Victor Mature (Horemheb) y ese perpetuo golpe de ceja que le adornaba. Resulta entrañable. En esta, en la antológica PASIÓN DE LOS FUERTES y en la memorable SANSÓN Y DALILA, tal vez fuera donde alcanzara sus mayores cotas interpretativas, aunque si buscan adecuadamente, se encuentren con otras apariciones dignas de ser tenidas en cuenta, como las de UNA VIDA MARCADA, SÁBADO TRÁGICO, EL BESO DE LA MUERTE, BRUMAS DE TRAICIÓN, LA TÚNICA SAGRADA o EL EMBRUJO DE SHANGHAI.

Y si ya vamos a característicos de enjundia: el formidable histrión Peter Ustinov (el leal y falso tuerto Kaptah), el patriarca de los Carradine de nombre John (como ladrón de tumbas), Michael Wilding y varios más. Todos al servicio de una factoría de sueños que solía envolver las producciones en un llamativo colorido y en escenografías de ensueño como la creada para la ocasión.

Han sido muchos los que la han tildado peyorativamente de naif, trivial, anacrónica, risible y no sé cuantos epítetos más. Debo confesarles que desde el instante mismo que contemplo a un Sinuhé envejecido, retirado a las orillas del Mar Rojo, contando la desgraciada y movida historia de su vida en un papiro, siempre me siento invadido por la emoción mas profunda. Realmente la adoro, me retrotrae hacia tiempos muy felices de mi vida y tiene la virtud de de renovarlos con cada nuevo visionado.

No llega a la reconstrucción mucho más fidedigna exhibida por TIERRA DE FARAONES de Howard Hawks, pero dentro de su estilo más glamouroso a la hora de mostrar sentimientos universales y perfectamente identificativos por cualquiera, alcanza el puro delirio, lo sublime.

Peliculón por los siglos de los siglos y por las milenarias arenas del país de las pirámides, aunque el cartón de piedra y algún efecto como el del león haya quedado superado. Amén.

-Inexplicablemente, la película que supuso el regreso a la gran pantalla de Julia Roberts (36 años en ese instante) tras su maternidad, LA SONRISA DE MONA LISA (MONA LISA SMILE) fue un fiasco económico y casi también crítico:

Digo lo de inexplicablemente porque aparte de parecerme una película primorosa, exquisita y preciosa, no deja de ser una variación “feminista” con la presencia de una star poderosa al frente de EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS.

Ambientada en una elitista universidad femenina, también como aquélla situada en Nueva Inglaterra, transcurre al comienzo de la década de los 50, una época en la que las mujeres –y eso que hablamos de una de las sociedades más avanzadas del momento- no gozaban frecuentemente de la oportunidad de decidir por sí mismas, más bien se las educaba para ser buenas esposas. En sofisticado algo así, como la realidad mucho menos glamourosa que viene a contar la estupenda y reciente MUSTANG.

En este entorno irrumpe la “subversiva”, nada sumisa ni complaciente, independiente, inconformista y librepensadora Katherine Watson, una profesora de historia del arte que rompe con lo establecido. Un personaje que le sienta como un guante a la georgiana Roberts. Pues esta no solo ha supuesto siempre una refrescante y rotunda sonrisa, una muy atractiva mujer, sino una excelente actriz también. Y jamás me cansaré de repetirlo. Ahí está para la corroborarlo su no demasiado considerada por tanto “pope sagrado” pero magnífica interpretación para PRETTY WOMAN o la que le valdría el más que merecido Oscar para ERIN BROKOVICH.

Pero la película cuenta con otros abundantes elementos que la hacen irresistible, desde un guión sencillo pero muy eficaz de Lawrence Konner y Mark Rosenthal, hasta  una extraordinaria, evocadora, fidedigna y sugestiva dirección artística, pasando por una variada banda sonora de carácter nostálgico a tono con el momento en el que discurre o un brillante plantel secundando a la estrella principal, predominantemente femenino, que desprende belleza, autenticidad y méritos más que contrastados. Es fácil destacar a la polifacética y tremenda Kirsten Dunst o a Julia Stiles, o a secundarias de fuste como Marcia Gay Harden (Oscar por POLLOCK, curiosamente uno de los artistas citados y que provoca, más bien uno de sus cuadros, un momento relevante), pero quisiera resaltar a otras intérpretes menos llamativas pero a idéntica altura de las anteriores. Es el caso de Ginnifer Goodwin como la animosa y no tan agraciada Connie Baker o Maggie Gyllenhaal como la desinhibida y comprensiva Giselle Levy.

Esta historia de camaradería y superación femenina amén de vistosa en su aspecto más evidente, está perfectamente dirigida por el buen cineasta inglés Mike Newell, el cual ha gestado de vez en cuando otros espléndidos trabajos dentro de la industria estadounidense, desde CUATRO BODAS Y UN FUNERAL hasta DONNIE BRASCO (con un impresionante en su sobriedad Johnny Depp), pasando por un episodio de HARRY POTTER (EL CÁLIZ DE FUEGO) o FUERA DE CONTROL. De su etapa previa en su país, también son dignas de destacar BAILAR CON UN EXTRAÑO y UN ABRIL ENCANTADO.

Muy bonita y reluciente de verdad de la buena. Desde luego la a sumo como debilidad mía. Un trago de lo más digerible, masticable y grato a la vista.

-Entre la cantidad de formidables temas que salpican la banda sonora de LA SONRISA MONA LISA, elijo este sedoso y envolvente SECRET LOVE debido a Mandy Moore:

Todo un disfrute, sobre todo para quienes amamos incondicionalmente aquélla música baladista cincuentera procedente de los USA.

-Tercer y último estreno de ésta –para estos menesteres- atípica semana santera. Es la innecesaria e intrascendente secuela de MI GRAN BODA GRIEGA (MY BIG FAT GREEK WEDDING 2) quince años después:

Vuelve a hacer cierto el aserto que señala que segundas partes no son buenas. Se cumple escrupulosamente.

En el año 2002 supuso toda una reconstituyente sorpresa la aparición de su antecesora. Nia Vardalos, como escritora y protagonista principal, arrasó las taquillas estadounidenses y parte de las europeas con una comedia romántica sencilla pero muy efectiva, que giraba en torno a las diferencias culturales entre la comunidad griega respecto a la norteamericana. También suponía una defensa de los vínculos familiares entendidos al estilo mediterráneo.

Fue nominada al Oscar por su guión y al Globo de Oro en el apartado de mejor actriz de comedia. Se mantuvo ocho meses en el “top ten” del “box office USA”. Todo un exitazo, dado sobre todo su “exiguo” presupuesto.

 El pintoresquismo funcionó bien en aquélla ocasión, los personajes mostraron encanto, algunos lances eran francamente divertidos, sobre todo los alusivos a la madre y a la abuela de la bulliciosa familia Portokalos. Todo ello trata de volver a explotarse esta vez de manera reiterada y, por tanto, la nueva intentona naufraga.

Ni mucho menos es del todo despreciable pero su intentona resulta baldía. Las gracietas han perdido fuelle y el contraste de caracteres resulta a estas alturas demasiado manido, sin que ofrezca una vuelta de tuerca de fuste, alguna sub trama  con algo novedoso que contar, algo que no sea recurrir al simple chascarrillo… sino a alargar su argumento de manera no demasiado creíble. Por otra parte, esa necesidad de reafirmación del amor aún en edades provectas, no pasa de la simple epidermis melosa.

Su simpatía tiene esta vez un alcance mucho más limitado, resulta más forzada y artificiosa. Y ese tono relajado y fresco que ofrecía la primera entrega se troca aquí en empalago y cansancio.

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