Director: Pedro Almodóvar
Intérpretes: Javier Cámara, Carlos Areces, Cecilia Roth, Lola Dueñas, Raúl Arévalo, Antonio de la Torre, Hugo Silva, Guillermo Toledo, Miguel Ángel Silvestre, Blanca Suárez, José Luis Torrijo, José María Yazpik, Paz Vega, Laya Martí, Cote Soler, Pepa Charro, Nasser Saleh, Concha Galán, Susi Sánchez, Carmen Machi, Violeta Pérez, Bárbara Santa Cruz, María Morales, Antonio Banderas, Penélope Cruz
Sinopsis: Un grupo de variopintos pasajeros viaja a Ciudad de México en un avión con una tripulación de lo más excéntrica. Durante el vuelo, un grave problema provoca una situación de riesgo en la que todos ellos sientan que su muerte se acerca, de ahí que saquen a relucir diversos aspectos de sus vidas. La indefensión ante el peligro provoca una catarsis generalizada que acaba convirtiéndose en el mejor modo de escapar a la idea de la muerte. Esta catarsis, desarrollada en tono de comedia desaforada y moral, llena el tiempo de confesiones imprevisibles que les ayudan a olvidar la angustia del momento y a enfrentarse al mayor de los peligros, el que cada uno lleva dentro de sí mismo.
Ese paisaje desolador y abandonado que muestra el ficticio pero muy real Aeropuerto La Mancha en el último trabajo de Pedro Almodóvar, el decimonoveno de su carrera con formato de largometraje, es el que invade mi ánimo durante/y a la finalización de su proyección. Me resistí a ver, en esta ocasión, las críticas que algunos de mis colegas efectúan los viernes en diversos periódicos nacionales, para así no sentirme mediatizado o condicionado. Pero tras el visionado, cuando ya me he forjado mi propia opinión y decido contrastarla con la de ellos, asisto relativamente sorprendido a que el primer calificativo que se me viene a la cabeza es compartido con el manifestado por una considerable mayoría. Y les puedo asegurar que no soy nada pero que nada corporativista. Más bien todo lo contrario, como en tantos aspectos de mi vida, voy por libre. Pero al grano, el calificativo en cuestión es el de… sonrojante.
Definitivamente, el cineasta calzadeño, sin ser nunca excesivo santo de mi devoción, aunque reconociéndole méritos y algunos notables títulos (MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS, LA FLOR DE MI SECRETO, TODO SOBRE MI MADRE, VOLVER) y también un admirable sentido del marketing, parece haber perdido el oremus creativo, o sencillamente, se le ha ido la inspiración. LOS AMANTES PASAJEROS nada dista del cine casposillo y garbancero que padecimos algunos y del que tanto nos quejamos en su momento, perpetrado por Mariano Ozores y compañía. Como en aquél, la pobreza de personajes y de diálogos no deja de sorprenderme para mal. Por ejemplo confundir la palabra llamada con mamada, o utilizar hasta el hastío la palabra maricón como expresión graciosa y marca de fábrica, es algo que me parece de una mediocridad y una pobreza imaginativa lamentables.
Y no tengo nada claro qué ha intentado su autor con este trabajo. Parece ser que una comedia si lo pretendía, pero la gracia, la chispa y la frescura que otrora al menos, salpicaran alguna de esos títulos meritorios anteriormente citados, aquí brilla por su ausencia. Y si ha habido un planteamiento más ambicioso, lo digo por aquello de retratar esa tripulación adormecida, unos cuantos personajes despiertos pretendidamente representativos de la triste España actual y de una cabina de mando que apuesta por el hedonismo más palizas recuperador del estilo de la Movida, desde luego el resultado no puede ofrecer menos entidad, gracia, ingenio e interés. Y en teoría uno de sus momentos más supuestamente descacharrantes, o más significativos, o más no sé muy bien qué, me refiero al discotequero numerito musical de los "azafatos", ni en los cabaret más cutre lux del estado, podrían alcanzar tan altas cotas de ridiculez. Su supuesta creatividad se encuentra al alcance de cualquier crío de cinco años.
Un fiasco de considerables proporciones.
José Luis Vázquez
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