Director: Sam Mendes
Intérpretes: George MacKay, Dean-Charles Chapman, Richard Madden, Benedict Cumberbatch, Mark Strong, Colin Firth, Andrew Scott, Teresa Mahoney, Daniel Mays, Adrian Scarborough, Jamie Parker, Nabhaan Rizwan, Justin Edwards, Gerran Howell, Richard McCabe, Robert Maaser, John Hollingworth, Anson Boon, Jonny Lavelle, Michael Jibson, Chris Walley
Sinopsis: En lo más crudo de la Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) reciben una misión aparentemente imposible. En una carrera contrarreloj, deberán atravesar el territorio enemigo para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el propio hermano de Blake.
No me suelen hacer gracia, aunque les reconozca habitualmente méritos, esas puestas en escena filigraneras que se resuelven en un único –y tramposillo- plano secuencia. El “invento” se remonta a finales de los años 40 con LA SOGA de Alfred Hitchcock, no precisamente una de sus obras más apasionantes para quien esto firma. Lo último en la materia procede del oscarizado Alejandro González Iñárritu con la un tanto petulante y cansina BIRDMAN. Entre medias, ese verdadero despliegue y virguería agotadora que es EL ARCA RUSA del palizas Alexander Sokurov. Existen más títulos, pero los resumo y acoto en estos por no extenderme más de lo debido.
Como ya sabrán la mayoría de buenos cinéfilos que son ustedes y deducirán otros, la postrer en sumarse a este cada vez más nutrido listado es 1917, el último trabajo de ese director teatral de prestigio espléndidamente reconvertido en cinematográfico que es Sam Mendes, responsable al menos de otros cinco peliculones en su filmografía (suele espaciar sus encargos o proyectos propios… solo ocho en poco más de veinte años): su esplendoroso y oscarizado debut con AMERICAN BEAUTY, CAMINO A LA PERDICIÓN (mi trabajo suyo favorito), JARHEAD, REVOLUTIONARY ROAD y SKYFALL.
Pues bien, lo obtenido por el cineasta es un virtuoso, deslumbrante, imponente, pelín artificioso (este tipo de proyectos lo son, pero no merma en modo alguno su alcance), brillantísimo y nada gratuito ejercicio.
Toda una experiencia inmersiva, al estilo de la experimentada también por González Iñárritu en EL RENACIDO, aunque en ella ocasión el reto fuera más bien determinado fundamentalmente por la labor fotográfica –aquí también juega un papel decisivo, detrás de la misma se encuentra el gran y veterano, 70 años, Roger Deakins- que por la aceptar el reto global de una sola toma para contar toda la historia.
Reto que, todo hay que decirlo, es falso, no es cierto. Inevitablemente, como pueden comprobar durante su proyección, la cámara se va en algunos momentos a ciertos puntos concretos en los que se produce el cambiazo. Les pongo dos de los ejemplos que he podido detectar –hay más-, cuando el protagonista se sumerge en el río y la caída por la escalera tras un disparo de un enemigo con la pantalla oscurecida. No menos cierto es que en su primera hora el pego lo da a lo grande, aunque hoy en día con los retoques digitales todo es mucho más factible.
Lo importante es que la apuesta no me parece forzada en esta ocasión. Además a Mendes le viene de perlas para introducirnos con el máximo, atroz y –por momentos- estremecedor y riguroso realismo posible en las entrañas, en el campo abierto y, principalmente, en las trincheras de uno de tantos frentes de la I Guerra Mundial, esos en los que los soldados se encuentran apelotonados y embarrados hasta las cejas. Aquellos que transitara el extraordinario Stanley Kubrick también a golpe de silbato en SENDEROS DE GLORIA.
Me gustan especialmente momentos como los concerniente al avión abatido, la escena del río (deudora de LOS GRITOS DEL SILENCIO, como apunta perspicazmente el amigo Fernando Díaz Rolando) y toda la media hora final, a caballo entre lo espectral, lo escalofriante, lo emotivo y la épica pura y dura y lo sensorial, casi deudora en este último apartado de lo así vertido en la reciente e igualmente magnífica DUNKERQUE.
Pero, con todas mis oportunas disculpas que quieran por delante, ninguna de ellas llega a la definitiva excelencia de SALVAR AL SOLDADO RYAN, entre otras cuestiones nada baladíes porque no es tan genuinamente narrativa –sin coartadas ni cartón- como todas ellas, sino que fundamentalmente se pone al servicio de una historia inmejorablemente contada, salvo aquella sobrecogedora media hora inicial que sí pudiera emparentar con las anteriormente citadas.
Por supuesto, todo suena a tremendamente creíble e intencionadamente asfixiante pese a transcurrir en espacios al aire libre. Se palpa en todo momento el miedo, el dolor y el horror de un conflicto de esta magnitud, no caprichosamente denominado precisamente la Gran Guerra.
Reconociéndole toda esta cantidad de méritos y situándola muy arriba, entre el pelotón de destacadas no es mi película favorita –se agolpan muchas- de este último año, mérito que se llevan, o prefiero antes, JOKER, EL IRLANDÉS, MUJERCITAS, MULA, GREEN BOOK, RICHARD JEWELL, DÍA DE LLUVIA EN NUEVA YORK VENGADORES: ENDGAME, LE MANS 66, DOCTOR SUEÑO o VENGANZA BAJO CERO. Iría justo después de esta última.
En cualquier caso, grandísima, mayúscula, importantísima obra y contribución a ese cada vez más nutrido a lo grande Séptimo Arte, tal vez la manifestación artística que más obras maestras ha aportado en menos tiempo de existencia.
José Luis Vázquez
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