Director: Manolo Munguía
Intérpretes: Rubèn Serrano, Roc Esquius, Miriam Tortosa, Anna Bertran, Mariona Tena, Bernat Mestre, Diana Roig, Víctor Gomez, Cristina Raya, Mariola Fustier, Arthur Neisberg
Sinopsis: Un grupo de antiguos compañeros de la universidad y sus parejas se reúnen para cenar y verse después de años. Durante la cena uno de ellos les confiesa haber descifrado uno de los archivos más secretos de Internet y les enseña una aplicación de realidad aumentada que ha encontrado dentro. Al intentar modificarla entre todos, desencadenan una serie de conflictos y acontecimientos con consecuencias inesperadas que irán empeorando cada vez más.
No se pueden imaginar lo que me cuesta adaptarme a estos tiempos tecnológicos imparables y reconozco que necesarios en nombre del progreso. Pero cada uno es él y su circunstancia que diría Ortega y Gasset. Es más, gracias a ellos yo puedo ir subsistiendo laboralmente en los últimos años. Valoro igualmente lo que suponen en cuanto a la accesibilidad de datos o a la calidad de los cacharros audiovisuales cada vez más sofisticados que se diseñan. Pero ahí se queda mi reconocimiento, en cuanto en una conversación, conferencia o película se abusa del lenguaje de la nueva terminología internauta he de confesar que desconecto al poco rato.
Es lo que me sucede con HOus3. Supongo que sus autores son conscientes de que su obra va destinada principalmente a un público joven, de mediana edad, harto experimentado en este argot coloquial de nuevo cuño desde hace un par o tres décadas más o menos. Tampoco quiero exagerar y es que haya que ser un experto contumaz –un poco, sí- en la materia, porque hay vocablos o conceptos que pueden sonar hasta a un tipo poco ilustrado como el que esto suscribe. Pero no menos es cierto es que tanta jerga me acaba fatigando, cansando. Y cuando llega el supuesto efecto final la verdad es que casi me importa un pimiento el destino de la humanidad o de ese grupo de amigos que se reencuentran tras un tiempo.
Admito que en su inicio se va creando progresivamente un supuesto, muy supuesto interés de por dónde va a tirar el asunto, sobre todo a raíz de una confidencia del anfitrión de la casa, Rafa, un cerebrito de los ordenadores, de los encriptados, descifrados y otras zarandajas. En la trama llega a incluir como referencia a personajes reales y todavía de actualidad desde hace ya tiempo por desvelamiento de datos ultra secretos.
Los diálogos, por otra parte, y dejando ya aparte el abuso de tecnicismos y de sentencias solemnes, no contribuyen precisamente a que la cosa eleve el vuelo. Al respecto, resultan ligeramente preferibles los de la coetánea y también española LITUS, proyecto similar en cuanto a reunión de personajes con vínculos afectivos o fraternales en un espacio cerrado.
Vamos, una papilla de la que era muy difícil salir indemne y, lamentablemente, así se confirma. Si encima lo anteriormente expuesto va acompañado de un guion chusquero y de unos actores de muy revisable nivel –esta vez no daré nombre para no señalar a nadie, pues tampoco alguno de los escasos que se salvan no descuellan en modo alguno- tendrán una buena parte del porqué de mi decepción… relativa, claro, en vistas de que ya no me acercaba muy animado a la sala.
Y, conste en acta, que la premisa por muy disparatada que pudiera parecer podría haber tenido su aquel, pero habría hecho falta algo más que el atrevimiento aquí mostrado para desarrollarla como es preciso. Eso sí, algunos colegas han visto la influencia del escritor Philip K. Dick. Me sentía tan embotado durante casi toda la proyección que fui incapaz de detectarla.
Prescindible.
José Luis Vázquez
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