01/06/2015
Lola Romero Las vacaciones ya han empezado para los millones de estudiantes norteamericanos. Es casi un mes antes que en España, pero ellos comenzarán las clases otra vez a finales de agosto, así que al final el tiempo de solaz es prácticamente el mismo.
Pero más que entrar en el sistema educativo (lo dejo para otra ocasión, que tiene miga), yo quería hablar de las “proms”, lo que en España conocemos como bailes de promoción. Hace un par de semanas se celebraron las del distrito escolar al que pertenecemos, y aunque ya me sorprenden pocas cosas de los americanos, tengo que reconocer que una sonrisilla de “no-me-lo-puedo-creer” se tuvo que dibujar en mi cara. Como digo muchas veces… era como estar en una película.
De entrada, “prom” no viene de “promotion” o algo parecido, que podemos pensar por la traducción que se hace al español. Viene de “promenade”, o “paseo”, y en otra acepción “hacer alarde de”. Con esta distinción, queda más claro, me parece a mí, lo que son esos bailes que hemos visto miles de veces en las pantallas.
En España cada vez más empieza a hacerse algo parecido, aunque se llame “graduación”, pero en realidad es más un acto académico que acaba con una fiesta, que una fiesta directamente cuyo objetivo es lucirse y elegir un rey y una reina del baile. Pero, a su modo, aquí en Estados Unidos es casi un rito de iniciación a la vida adulta, algo que casi nadie se perdería por nada del mundo.
Y es que en la mayor parte del país, estos bailes se organizan para los estudiantes de Duodécimo Grado, que sería el equivalente a Segundo de Bachillerato en España, aquellos que terminan el instituto (o High School aquí). En sus orígenes, que pueden remontarse hasta comienzos del siglo XIX, hacía las veces de los “Bailes de debutantes” o “Presentación en sociedad” que tan comunes eran en Europa, e incluso podían servir para hacer oficial el compromiso de la pareja que era coronada (el rey y la reina del baile). Desde entonces, el baile como acontecimiento ha ido evolucionando con el tiempo, aunque leo en varios sitios que tal y como se conoce hoy, empezó en los años 50 del pasado siglo. De hecho, doy fe, el estilo de los vestidos de las chicas recuerda bastante al de aquellos años.
La hija de unos amigos, españoles ellos, pero con muchos años a sus espaldas entre Estados Unidos y Canadá, tenía su “Prom” este año. Según nos contaba la madre, fue “de libro”, en el sentido de ser como lo reflejan en cine y televisión: reunión con las amigas, ya arregladas, para hacerse fotos, cena de gala en casa de una de ellas (con mayordomo incluido, al estilo de por aquí), y luego al baile en limusina. En su caso no hubo novio recogiendo a la novia, ni tampoco el típico intercambio por el que el chico le regala a la chica un ramillete de flores para llevar en la muñeca, y recibe a su vez por parte de ella una flor para el ojal. Según he visto, parece que en muchos institutos ya no es necesario acudir en pareja al baile, sino que se puede asistir solo o en grupo. O en cualquier caso, reunirse con la pareja al llegar al baile después de haber pasado un buen rato con los amigos.
Quizá los chicos lo tienen algo más fácil porque sólo tienen que elegir un esmoquin, pero nos contaba esta amiga que la preparación de la “prom” de su hija fue de varias semanas: la búsqueda del vestido, peluquería, maquillaje, fotos… En serio, yo he visto hasta paquetes promocionales en sitios de estética bajo el lema “Ten tu piel lista para la prom”. Y, aunque obviamente, ella no habló de cifras, he encontrado que la media del gasto para el baile ronda los 1.200 dólares. En esta zona de magnates del petróleo, mansiones y altos ejecutivos, no lo quiero ni imaginar…
Pero además de todo esto, se ha puesto de moda últimamente una post-prom, o plan para hacer al día siguiente, los días siguientes al baile. Por ejemplo, el grupo de esta chica de la que hablo, alquiló una casa en la playa de Galveston (a unos 80 kilómetros) para pasar el fin de semana. Con carabinas, como dicen aquí, pero de fiesta.
Sin embargo, me pongo en su piel. Y aunque ahora me entre la risilla y sacuda la cabeza con incredulidad, en el fondo… que levante la mano quien no ha soñado alguna vez ser el rey o la reina del baile…
Foto: www.atlantaldsprom.com
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