Barricada Cultural

 

01/05/2014

Publicidad

por Damián López

A mí me gusta mucho la publicidad, de hecho hay productos de los que lo que más me gusta es su forma de ponerse a la venta.

En esta sociedad tan autoconvencida de su  “mercantilismo”, nadie entiende que nada se fabrique, se cultive, se genere, si no es para venderlo. En el “Capitalismo” se vende hasta el dinero, no digamos las alma, que se vendieron siempre, o los cuerpos, las ideas, los estados de ánimo si se quiere. Se vende la “salud” y se compran “enfermos”. Se negocia la muerte y se especula incluso con una parcelita de milímetros cúbicos. Siendo todo vendible, todos somos posibles compradores.

Pasando del “sistema”, la cosa es que quien vende envuelve su producto en “celofalm” que a veces a mí me viene resultando poco ético.

No me parece mal que quien venda mal vino lo acompañe de queso que se come el sabor o “viceinversa”. Y acepto con sonrisa ladeada las loas del “crecepelo” o las virtudes de una crema que me haría adelgazar si previamente no comiera grasas, hiciera ejercicio y me privara de las irrenunciables cañas con tapita grasienta que me tienen doblado.

Ya digo, me hace gracia que me engañen en algo de tan poquito fuste. No hace mucho un amigo adelgazó unos “kilos” ( ya no sé si se escribe con “K” o “Q”, que esa es otra). Le pregunté qué cómo la había hecho y me respondió simpàtico que leyendo el prospecto de una pastillas. Pues eso.

A lo último resulta que exponer la materia que queremos vender con buenos argumentos no es mentir pero se le asemeja. En este mundo nuestro no vende nadie un “pijo” si no se  publicita. Vale que marcas “tal” se vendan por sí solas, pero agradecería que se anunciaran glosando sus virtudes, aunque falsas, y no aludiendo a axiomas filosóficos o a vulgaridades que es lo que va primando.

Que me quieran vender un coche exponiendo a una pava despampanante me parece machismo. Que me vendan champú diciéndome que no seré feliz si no lo uso me parece ingenuo. Que me vendan lo que sea sabiendo que me mienten lo acepto, como digo, y un “chim pum”. Lo compro o no lo compro. Que esa es otra.

Lo que me solivianta y me cabrea es que se publicite cualquier cosa usando elementos que a mi modo de ver son inmorales.

Un par de ejemplos bastan: en los últimos tiempos una entidad bancaria (no hablo mal de los bancos que ellos se hablan mal solos) usa una sintonía de Bob Dylan como soporte de su “slogan”. Han recurrido a un tema que es “antibancario” pero muy efectivo. Quieren hacer creer que son tan rompedores como esa sintonía, que son así de “nuevos”. Y  me jode bastante esta utilización de una canción cuya temática es “antisistema” para publicitar uno de los pilares del “Sistema”.

En el segundo ejemplo escucho unos versos de un tema de Sabina que loa las virtudes de la “mala vida” para anunciar un seguro de salud… Mire usted, me parece incongruente y de muy mal gusto que aprovechen canciones o estrofas de canciones que me son preciadísimas para argumentar la venta de servicios que nada tienen que ver con lo que esas canciones o estrofas significan.

Si existe un organismo regulador de la publicidad debería exigir que ésta se limitara a exponer las virtudes del producto y poco más.

En estos malos tiempos cada vez que escucho una soflama filosófica sé que me quieren vender un automóvil o un inmueble y me da bastante rabia porque me toman por tonto… y ya no me los compro, que se jodan!!!!

Por último y al fin me gustaría que no emplearan nunca, en ninguna campaña temas musicales que no fueran originales. Una fragancia vomitiva no se puede vender con la imagen de un cachas abandonando la “piltra” de un “pivón” a los acordes de un aria de “Casta Diva” porque es incongruente.

Ya sé que mi poder para evitar estas falacias es diminuto, pero la decisión de comprar éste o aquél producto sigue siendo mía. Y esta es mi única fuerza, o así me justifico.

©2026 Ciudad Real Digital | www.ciudadrealdigital.es