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Haciendo las américas

Mercadillos

por Lola Romero (Houston)

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El sábado por la mañana es el día de mercadillo en Houston y alrededores. O quizá debería decir de mercadillos, en plural, porque casi cada barrio tiene un “Farmers Market”, un mercado de granjeros, que dicen aquí.

Yo tengo dos más o menos cerca, y aunque uno es bastante más grande que otro, me gustan ambos por la variedad de productos y servicios a la venta: desde miel casera y calabacines cultivados en huertos propios, a cangrejos aliñados listos para comer o diferentes tipos de dulces, panes y pasteles, pasando por ropa, joyas artesanas, libros para todas las edades, velas y esencias de todo tipo. Y mucho más.

Parece que en los últimos años estos mercados se han ido haciendo más y más populares, aunque el origen como su nombre en inglés indica, son los puestos ambulantes que los agricultores y granjeros de las diferentes zonas ponían para vender lo que cultivaban y cocinaban. Ahora, la búsqueda de productos más naturales, sanos, y la creciente conciencia ecológica que favorece la preservación del ganado y los cultivos locales, han devuelto el interés por estos lugares de encuentro, sin olvidar el escaparate “gratis” que supone para muchos pequeños negocios que tienen en estos mercadillos su sitio de pruebas para nuevos productos. Las estadísticas dicen que desde 1994, el número de “Farmers Markets” se ha multiplicado por ocho en Estados Unidos, y en ciudades grandes como Nueva York o Los Ángeles, se contaron en 2018 más de un centenar de estos modernos zocos.

Y es que algunos sí son bien modernos, pues además de la experiencia de las compras en sí, tienen música en directo, “food trucks” o camiones de comida preparada, demostraciones de cocina o de servicios, organizan rifas… Otros son más tradicionales y su actividad se reduce al intercambio comercial, aunque en cualquiera de los dos casos, los vendedores suelen explicar lo mismo: que se trata no sólo de promocionar y vender lo “local” o lo original, sino de recuperar también el trato personal, en intercambio cara a cara que se ha perdido con los grandes hipermercados y superficies comerciales.

Curiosamente, yo nunca he sido muy de mercadillos. Ni siquiera el de los viernes de mi pueblo me llamaba especialmente la atención, y sin embargo, cuando puedo, me gusta darme una vuelta por los que tengo a mano aquí en nuestro bosque. Casi nunca compro nada, quizá un poco de miel natural para probar o un par de libros de primeros lectores para mi hijo, pero me gusta el ambiente festivo y descubrir las cosas tradicionales de esta zona de Texas. Como el pan de calabacín dulce que vende una señora en el mercado más pequeño (y coqueto), las mermeladas de bayas de una granja local, o los trabajos artísticos en madera que aquí se usan mucho para decorar los porches de las casas.

Entre tanto centro comercial, cadenas de supermercados y comida rápida, con todo producido en serie, da gusto descubrir a veces la belleza de la imperfección de un pastel de arándanos casero, o el sabor intenso de una miel simplemente envasada en un tarro de cristal.

 

Foto: El Farmers Market de Tamina Road, a unos tres kilómetros de mi casa, se fundó hace sólo unos meses, aunque ya se ha convertido en cita indispensable para muchos vecinos de la zona.