miercoles, 12 de agosto

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Haciendo las américas

Desde fuera

por Lola Romero (Houston)

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Lo que acontece estos días en Cataluña, y especialmente en Barcelona, ha despertado el interés de muchos de mis compañeros de trabajo y otros conocidos. No se ve mucho aquí en las noticias, pero llega lo suficiente para que me hayan preguntado varias veces esta semana qué está pasando en mi país.

“Buena pregunta”, he contestado más de una vez. La verdad es que por más que leo noticias, declaraciones y oigo comentarios de diferente personalidades radiofónicas, no me acaba de quedar claro qué puede pasarles a los independentistas por la cabeza para liar la que están liando. Con perdón.

No sé si es que desde fuera se ve de otra manera, pero me gustaría que muchos de esos jóvenes alterados salieran al extranjero y contemplaran cómo se ve España a través de los ojos de otros países. Que experimentaran de primera mano que cuando mencionas que eres español la primera ciudad que suelen evocar los americanos, por ejemplo, es Barcelona. O que los que han viajado y hecho turismo por nuestro país, aparte de la lengua catalana, y no siempre, no ven ninguna diferencia radical entre Cataluña y el resto de España.

Es que es muy difícil de explicar a un extranjero que no sabe mucho de España qué está pasando, o por qué una cierta minoría catalana está tomando las calles e imponiendo la violencia reivindicando algo que no se sostiene: la historia no respalda la pretendida independencia, todo es fruto de las ideas de grandeza de una élite política irresponsable. Y sobre todo, la mayoría de los catalanes no apoyan la “rebelión”.

Me preguntan si había represión, si ha habido violencia alguna vez desde el estado central, y alucinan, como es lógico, cuando les digo que no. Que España es un estado democrático descentralizado y que precisamente Cataluña es, junto con el País Vasco, la comunidad autónoma más autónoma, con sus competencias propias como la sanidad o la educación. E incluso con su propia policía. “¿Qué quieren entonces?”, me dicen, y eso mismo me pregunto yo.

No lo entiendo. No entiendo cómo pueden pensar que tener un país independiente puede ayudar a su población: ¿qué aliados buscarían al no poder formar parte de la Unión Europea?, ¿Quién compraría sus mercancías, sus exportaciones, si España les da la espalda? ¿Qué pasaría con el 80% o más de los catalanes que tienen lazos, orígenes, familia, propiedades, en el resto de España?

Quizá porque en Estados Unidos son una federación, con estados bastante independientes, pero un ideal y origen común, les cuesta entender que una comunidad autónoma quiera cortar todo vínculo. Aquí están acostumbrados a ver que la unión hace la fuerza, y que la cooperación normalmente trae mejores resultados para todos.

Especialmente para los jóvenes. Cuando veo críos en los periódicos portando las esteladas y gritando con caras crispadas, no puedo evitar preguntarme en qué piensan que les beneficiaría la independencia. Y por qué piensan que son diferentes de los jóvenes de Madrid o de Sevilla. Diferentes de verdad. Y me da pena que se hayan dejado vencer y convencer por las ideas de un puñado de “líderes” que probablemente sólo quieren una parte más grande del pastel. Que se lo pregunten a Puigdemont, cómodamente en Bélgica…

De verdad, si pudieran salir fuera, vivir fuera de España y su amada Cataluña una temporada…