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Martin Ravallion, ex economista del Banco Mundial y profesor en Georgetown

Haciendo las américas

La tele

por Lola Romero (Houston)

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Se sorprenden mucho aquí cuando cuento que crecí viendo sólo dos canales de televisión: TVE y La 2. Pues sí, Antena 3 y Telecinco llegaron a mi pueblo ya entrados los 90, aunque a tiempo, eso sí, para que mi hermana y yo viéramos todavía algún capítulo de Campeones (aquel kilométrico campo de fútbol en el que Oliver y Benji eran los “magos del balón”), o del Príncipe de Bel-Air. Pero, de todas maneras, seguían siendo cinco o seis canales a lo sumo, contando autonómicas como Telemadrid.

Así que se sorprenden aún más cuando sigo explicando que hasta la “revolución digital” de hace unos años, como mucho había diez canales que se pudieran sintonizar en cada casa, dos o tres más si tenías Canal +, y les “choca” que tengamos canales públicos, pagados con presupuestos del Estado o de las Comunidades Autónomas. Pero sin duda lo que les deja boquiabiertos es que todos los canales que cualquier televisor puede sintonizar ahora mismo en España son gratis, Movistar y las otras plataformas aparte.

Y es que en Estados Unidos hay dos tipos principales de cadenas: por un lado lo que aquí llaman las “networks” o sistemas de distribución que emiten en abierto (NBC, ABC y CBS) y, por otro, las cadenas de cable. En el caso de las primeras, su principal fuente de ingresos proviene de los espacios publicitarios que venden en sus emisiones, así cuanta más audiencia tenga un determinado programa, más dinero cuestan esos anuncios a los anunciantes. Evidentemente, la audiencia es fundamental para este tipo de cadenas. Sin embargo, para las cadenas de cable los principales beneficios provienen de la cuota de suscripción que pagan los clientes, por lo que la audiencia no cobra un papel tan importante como en el caso anterior. Además, al no estar su contenido regulado por ley como en las “networks”, normalmente tienen más libertad para emitir contenidos violentos, sexuales, etc.

Hasta aquí, incluso podríamos ver alguna semejanza con España, pero todo cambia, supongo, si digo que en Estados Unidos si no tienes televisión por cable previo pago mínimo de unos cien dólares al mes, prácticamente no puedes ver la televisión. Por ley, esos tres grandes sistemas de distribución o grupos mediáticos que decía más arriba, tienen que emitir programación en abierto, y generalmente lo hacen través de sus emisoras locales asociadas, pero necesitas una antena de la vieja escuela (como la que tenían la mayoría de televisores en España en los 60 y 70) y estar en un lugar de buena recepción para ser capaz de sintonizar algo. Si de verdad quieres disfrutar de la tele, seguir los programas de los que habla todo el mundo o ver un telediario, entonces tienes que pagar por el cable, donde tienes los canales en abierto sin necesidad de antenas y además, de los de pago.

Por supuesto que este sistema tiene ventajas, como la variedad de canales y oferta, y la posibilidad de personalizar tu “paquete”, hasta cierto punto, para incluir por ejemplo canales en español, canales de deportes, de niños… Pero tiene importantes desventajas, como el precio y que sin elegir uno de estos proveedores no puedes ver prácticamente nada. Es verdad que en los últimos años con la aparición y ubicuidad de Netflix o Amazon Video ya no necesitas tele si no quieres, y de hecho, ha habido un descenso en las suscripciones a los grandes distribuidores de televisión por cable, pero en la tele tradicional hay programas en directo o series con capítulos que se emiten cada semana que evidentemente no pueden ser “colgados” en “streaming” (o puestos a disposición de los suscriptores en las plataformas digitales).

Dicho esto último, añado que quizá no sea por mucho tiempo. Si ya de por sí he visto cambios importantes en la manera en la que ahora la gente ve la tele o las series desde que llegamos a Houston hace cinco años y pico, también he notado que cada vez más proveedores de servicios digitales están empezando a ofrecer “paquetes” de canales que puedes ver online y a buenísima calidad sin necesidad de cable, sólo de internet, y reduciendo muchísimo la cuota mensual porque sólo pagas por lo que realmente quieres ver. Pero aun así, no gratis-gratis como en España, que es lo que de verdad les sorprende a los americanos cuando hablamos de la tele.

Eso, y el hecho de que doblemos series y películas y les cambiemos y traduzcamos los títulos al castellano… aunque esto ya es un hilo argumental para otro capítulo.

No cambien de canal. Por si acaso.

 

Foto: Sobremesa con amigos en nuestro jardín viendo la final de la Copa del Rey, retransmitida en Estados Unidos por un canal deportivo en español de la televisión por cable. Esa es otra, ya nos hemos acostumbrado a las retransmisiones futboleras con acento latino…