Director: J. Lee Thompson
Intérpretes: Charles Bronson, Kathleen Willhoite, Carrie Snodgress, Robert F. Lyons, Richard Romanus, Angel Tompkins
Sinopsis: Jack Murphy es un detective que se ve incriminado en el asesinato de su mujer y su amante, pero el autor del crimen es un psicópata, al que él encerró diez años antes. Acaba de salir de la cárcel y quiere vengarse.
Este lunes 2 de febrero a las 15:15 h. en Paramount.
Si le han echado un vistazo a la calificación otorgada, tal vez puedan pensar que la misma supone uno de esos desbarres y querencias incomprensibles para tantos de ustedes y que uno tiene a menudo con esto del Séptimo Arte… pero les doy mi palabra de caballero norteño que mi apego es de lo más sincero y sin ánimo alguno de tratar de epatar o llamar la atención a toda costa.
Cierto que el personaje aquí encarnado por el hierático e inefable Charles Bronson, en su variante de policía tesonero y expeditivo (alejado tan solo ligeramente de su otra especialidad, la de justiciero urbanita), aparente e inicialmente no ofrece grandes novedades.
Pero según avanza la acción –ya en la primera persecución se puede advertir algún matiz- presenta algunas variantes que le confieren un atractivo especial. Como la relación profesional que mantiene con una raterilla mal hablada, replicona y de baja estofa, encarnada con desenvoltura, progresiva simpatía y fácil naturalidad por la posteriormente desaparecida Kathleen Wilhoite.
Si acuden a antologías, colegas sesudos, filmaffinitys o diversas páginas de redes sociales, se encontrarán que se despacha a esta producción Cannon con una muy baja calificación. Claro, que no sabría determinar cuántos de quienes hablan sobre la misma la conocen realmente u opinan de oídas, o sencillamente, el hecho de que la protagonice el que es, suponga un prejuicio. Pero no especularé a su vez sobre los demás para intentar ser un poquito coherente.
Como comprenderán, el único faro que guía mi juicio es mi propia, sentida y exclusiva percepción, sin otro condicionante que el de que me guste, como es el caso, o no desde la más absoluta de las sinceridades. Y esta LEY DE MURPHY me parece entretenidísima. Me resulta uno de esos maravillosos policíacos ochenteros envolvente, vacilón, movidito (y ya no me refiero solo a los lances físicos), dinámico y muy bien ejecutado, sin alharacas, por el veterano cineasta británico, trasplantado a Hollywood, J. Lee Thompson.
Bronson, a sus 65 años, volvería a demostrar una envidiable forma física, prolongada en el tiempo, y seguiría mostrándose como un apañado aprendiz del inspector Harry Callahan y similares. Ese barniz alcoholizado y mal encarado con el que es adornado por el guionista, le otorga más sustancia al arquetipo.
Ese ropaje contiene ciertas -hoy en día- incorrecciones políticas que le otorgan un plus aún más saludable. Son escasas pero muy competentes las escenas de enfrentamientos físicos y cuenta con una gran fotografía nocturna de Alex Phillips.
No hay nada como una relación entre opuestos… aunque puedan acabar siendo amigos o, al menos, llegar a comprenderse un poco mejor, o hasta cogerse afecto.
José Luis Vázquez