Director: Clint Eastwood
Intérpretes: Clint Eastwood, Sydney Penny, Michael Moriarty, Elisha Cook, Chris Penn, Carrie Snodgress, Richard Dysart, John Russell, Richard Kiel, Billy Drago
Sinopsis: Un grupo de colonos buscadores de oro se establece en un lugar de California, pero sufren el acoso de los hombres de Lahood, el propietario del resto de las explotaciones mineras. Pero un día al poblado llega un misterioso y frío predicador (Clint Eastwood) que se pone de parte de los colonos, y comienza a enfrentarse al temido cacique local.
Este sábado 1 de febrero a las 15:30 h. en CMT.
Un “remake” confeso y, a la vez, brillantemente encubierto del clásico inmarchitable del western RAÍCES PROFUNDAS. Tal vez, a excepción de INFIERNO DE COBARDES del mismo director que ésta y rodada quince años antes, del glorioso Clint Eastwood, puede que sea el primer exponente del género que nos presenta a un héroe espectral, que justo aparece en la vida de las dos mujeres protagonistas, ante la plegaria, la invocación de la más joven de ellas, la hija, encarnada con enorme convicción y desparpajo por Sydney Penny.
Varias secuencias nos revelan este carácter fantasmal del Pale Rider/Jinete Pálido del título, de ese predicador taciturno y misterioso que aparece en plan ángel vengador. Como por ejemplo esos misteriosos agujeros de bala que parecen revelar a alguien que ya no es de este mundo.
Da verdadero gusto comprobar cómo ese magistral clasicismo achacado al director californiano, sobre todo a partir de tres años después de este trabajo, en 1988, de su unánimemente aclamada BIRD, se encontraba aquí ya latente en todo su esplendor. En realidad, siempre hizo despliegue del mismo, desde su debut en 1971 con el estupendo thriller ESCALOFRÍO EN LA NOCHE.
Las imágenes de Bruce Surtees de interiores tenebrosos, entremezcladas con otras de exteriores luminosas, confieren a esta historia un tono mortuorio que le sientan inmejorablemente y ello pese a acabar imponiéndose cierto registro positivo que contrasta con el de la citada INFIERNO DE COBARDES.
Hay un considerable despliegue de violencia surgida del cruce de las influencias del cine esteticista de Sergio Leone y del seco y expeditivo de Don Siegel, sus dos auténticos mecenas tras las cámaras.
La mitificación da paso aquí a una reflexión épica, tal y como manifestara en todo su esplendor en esa otra obra maestra y laureada SIN PERDÓN.
Provoca sensaciones, sentimientos hondos, intensos, emocionantes. Es un peliculón como la copa de un pino y para los devotos del género como el que esto les escribe, ni les cuento.
José Luis Vázquez