Director: Tom Tykwer
Intérpretes: Tom Hanks, Tom Skerritt, Sarita Choudhury, Tracey Fairaway, Jay Abdo, Jane Perry, Megan Maczko, Dhaffer L'Abidine, Lewis Rainer, Omar Elba, David Menkin, Khalid Laith, Janis Ahern, Jon Donahue, Waleed Elgadi
Sinopsis: Alan Clay (Tom Hanks) es un empresario estadounidense que, huyendo de la recesión, se traslada a Arabia Saudí, donde la economía se encuentra en pleno auge, para salvar su situación económica y poder mantener unida a su familia.
“Creo que he perdido el rumbo” (Tom Hanks)
Acaba resultando toda una grata sorpresa ESPERANDO AL REY (A HOLOGRAM FOR THE KING). Asisto de lo más atento a las desventuras de la antítesis en moderno de ese Lawrence de Arabia empresarial. Esta película posee un raro encanto, una rara fascinación.
El último trabajo del alemán Tom Tykwer (CORRE, LOLA, CORRE) para la industria hollywoodense, vuelve a suponer un trabajo personal, curioso, arriesgado, inhabitual. Tras esa película de culto, pifia para otros, que constituyó esa epopeya fantástica y vital que es EL ATLAS DE LAS NUBES, de nuevo con Tom Hanks, se ha embarcado en otro proyecto que desprende un raro encanto, una rara fascinación.
Transcurre en torno al viaje físico, emocional, de un ejecutivo estadounidense que trata de vender al rey del título, saudí en este caso, una atractiva propuesta empresarial, consistente en un sistema holográfico de comunicación. En plena crisis personal, familiar, durante esa espera, durante ese inevitable choque de culturas experimentado, mucho más tamizado y suavizado –parece ser- que en la novela original, se enfrentará a unos cuantos dilemas para su propia supervivencia vital.
El bulto de grasa que arrastra y le oprime se acaba convirtiendo en otro de calado metafórico. La dilatación del encuentro con el monarca acaba constituyendo una parábola de la vida del propio personaje y de la vida en general. Y el desierto, o esa ciudad a medio construir, se acaban erigiendo en todo un símbolo, en pura alegoría.
La aparente ligereza con que está narrada esconde otros asuntos importantes en su interior que acaban revelándose como una pintura del presente actual, como el referido a la globalización, a las economías emergentes o, sobre todo, al nuevo sentido, al volantazo que a veces conviene aplicar nuestras maltrechas existencias. En el fondo, no deja de ser otra entrega, o casi manual en algún momento, acerca de las segundas oportunidades.
Se necesitaba un actor enorme, descomunal para un papel de más complejidad que la aparentada, basculante entre la comedia y el drama. Y quién mejor para ello que el mayor heredero, el único sucesor que advierto en las últimas décadas del genial Jack Lemmon… el grandísimo Tom Hanks. Al igual que representara aquél, da el tipo perfecto de un hombre corriente, que se desenvuelve entre la bonhomía, la farsa, el desencanto, el conflicto interior y la casi tragedia. Lemmon obtendría un Oscar por un antecesor de éste, por un borrador perfectamente acabado del también ejecutivo en crisis de SALVAD AL TIGRE.
Quién iba a decir que ese muchachete gamberro que saltaba a la pantalla y a una relativa fama en 1981, con la más bien irrelevante DESPEDIDA DE SOLTERO, se iba a acabar convirtiendo al cabo del tiempo en el pedazo de intérprete que es. A la espera de las inminentes INFERNO o SULLY (lo último de Clint Eastwood), ahí están para solaz y repetición cuántas veces sean oportunas, su extensa aportación en una de las carreras más brillantes de los últimos tiempos: 1, 2, 3… SPLASH, BIG, PHILADEPHIA, FORREST GUMP, JOE CONTRA EL VOLCÁN, ALGO PARA RECORDAR, CAMINO A LA PERDICIÓN, APOLO 13, POLAR EXPRESS (en versión y rasgos animados), ATRÁPAME SI PUEDES, LA GUERRA DE CHARLIE WILSON, EL CÓDIGO DA VINCI, LA MILLA VERDE, SALVAR AL SOLDADO RYAN, LA TERMINAL, NÁUFRAGO, CAPITÁN PHILLIPS y la reciente y extraordinaria EL PUENTE DE LOS ESPIAS, de nuevo a las órdenes de su amigo y su principal mecenas Steven Spielberg. Ahí es nada.
Lo proclamaba hace cuatro días a propósito de la encandiladora vitalidad y efervescencia de Emilia Clarke en la deliciosa ANTES DE TI, cuando un actor de talla se encuentra arropado por profesionales de fuste, y siempre que la historia tenga un mínimo interés, puede acabar por sí solo de ser capaz de sostener la estructura, el andamiaje de una obra de las características que fueren.
Sale menos, pero me parece un magnífico complemento-réplica la resplandeciente aparición de Sarita Choudhury como la doctora que asiste, en todos los sentidos, a nuestro desnortado héroe, algo que el propio personaje admite haber perdido… el rumbo.
Algunos colegas han apuntado, creo que con buen criterio, que se pueden encontrar ecos de la muy agradable LA PESCA DEL SALMÓN DE YEMEN, no solo por el territorio y el origen geográfico de uno de sus protagonistas, sino por el tono amable, suave con el que está envuelta esta historia entre divertida y amarga, que acude a estos tintes para hablar de una situación, de un lugar, bastante espinosos. Mejor apelar a veces a la sonrisa para mostrar realidades desagradables.
Un viaje iniciático en toda regla que aúna con habilidad y talento, entretenimiento (resulta divertida, entrañable, esa relación con el taxista musical) y profundidad.
José Luis Vázquez