Director: Guillaume Canet
Intérpretes: François Cluzet, Marion Cotillard, Benoît Magimel, José García, Gilles Lellouche, Laurent Lafitte, Valérie Bonneton, Pascale Arbillot, Clémentine Baert, Xavier Alcan, Tatiana Gousseff, Ilan Debrabant, Jean Dujardin, Gwendoline Hamon, Joel Dupuch, Hocine Merabet, Neo Broca, Marc Maire, Karim Adda, Jeanne Dupuch, Philippe Vieux
Sinopsis: Siete años después de lo acontecido en "Pequeñas mentiras sin importancia", angustiado y al borde de la depresión, Max (François Cluzet) decide pasar solo un largo fin de semana en su casa de la costa. Pero sus viejos amigos Eric, Marie, Vincent, Isabelle y Antoine han planeado visitarle para darle una fiesta sorpresa de cumpleaños. Una oportunidad para ponerse al día después de mucho tiempo separados, y de paso para comprobar qué queda de su amistad.
Esta secuela de la refrescante, vitalista, vivaz y estupenda PEQUEÑAS MENTIRAS IMPORTANCIA, carece de la pegada de su antecesora, aunque he de reconocer que se sigue bien, que ofrece unos cuantos momentos continuadores de la estela de la misma y que se ve, la veo, con agrado. Ni más ni menos.
A caballo entre la ligereza, la comedia generacional y el drama atenuado, rebaja las dosis de “irreverencia”, hondura e inteligencia de aquel primer título. Se deja ir y apuesta con algo de negligencia con lo fundamental ya perfilado anteriormente, tanto en lo referido a sus personajes, como a unas situaciones menos “espontáneas” a las que se ven abocados esos cincuentones en crisis existenciales o, como agudamente certificaba su título, en estado de flagrantes engaños consigo mismos y con los demás.
Disfruto de nuevo, eso sí, con el incuestionable talento de sus intérpretes, especialmente de ese casi sosias de Al Pacino llamado François Cluzet, uno de los actores más conocidos, reconocibles y carismáticos (nunca resulta fácil esta definición) del actual cine francés, el de la segunda década del siglo XXI. Y de una Marion Cotillard de bello y sugerente rostro, casi siempre de lo más camaleónica. No se olvide que es la esposa del eficiente y atractivo director de las dos entregas, Guillaume Canet.
Hubiera sido de desear por su parte un enfoque y actitud menos acomodaticia. Supongo que ha querido ir sobre seguro y explorar el filón, la veta hallada y no arriesgar en exceso, pues la historia me suena esta vez a más cliché y a una serie de excusas argumentales sin demasiado empaque en varias de sus manifestaciones, por ejemplo el episodio de las jovencitas gemelas o el de esa intentona de suicidio.
Al menos tiene la virtud de detenerse con tiempo generoso en cada uno de los componentes de este variopinto grupo.
Su alargado metraje de 135 minutos no va precisamente en su favor, con lo cual una vez más se vuelve a demostrar que todo en la vida acaba dependiendo, pues esta duración que resultaba perfectamente asumible y disfrutable en la primera aparición de las peripecias de estos amigos de los más diversos no lo resulta tanto en esta ocasión.
Seguramente los que vayan aleccionados por el buen recuerdo generado con sus anteriores peripecias puede que sean –ya saben, por aquello de la complicidad.- más condescendientes que quienes se asomen por primera vez al entorno de estos amigos –no deja de volver a ser una oda cotidiana a esto, a la amistad- a los que se adornan o en los que se asoman pespuntes tristes y amargos dentro de sus vidas acomodadas pero con importantes despuntes.
José Luis Vázquez