sábado, 16 de noviembre

Ciudad Real

Visita nuestra página en Facebook Síguenos en Twitter
Buscar
Logotipo de Ciudad Real Digital

El verdadero Renacimiento comenzó en Bagdad

Violet Moller, historiadora

Estreno en Royal City

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Imprimir crítica

Mientras dure la guerra ()

Director: Alejandro Amenábar

Intérpretes: Karra Elejalde, Eduard Fernández, Santi Prego, Nathalie Poza, Patricia López, Luis Zahera, Luis Bermejo, Inma Cuevas, Mireia Rey, Tito Valverde, Luis Callejo, Carlos Serrano-Clark, Ainhoa Santamaría, Itziar Aizpuru, Pep Tosar

Sinopsis: España. Verano de 1936. El célebre escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar que promete traer orden a la convulsa situación del país. Inmediatamente es destituido por el gobierno republicano como rector de la Universidad de Salamanca. Mientras, el general Franco consigue sumar sus tropas al frente sublevado e inicia una exitosa campaña con la secreta esperanza de hacerse con el mando único de la guerra. La deriva sangrienta del conflicto y el encarcelamiento de algunos de sus compañeros hacen que Unamuno empiece a cuestionar su postura inicial y a sopesar sus principios. Cuando Franco traslada su cuartel a Salamanca y es nombrado Jefe del Estado de la zona nacional, Unamuno acudirá a su Palacio, decidido a hacerle una petición. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 5 estrellas

“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho. Me parece inútil pediros que penséis en España" (Miguel de Unamuno/Karra Elejalde)

“Todos gritan Arriba España y se creerán que dice algo” (Miguel de Unamuno/Karra Elejalde)

“Si cada español opinase solo de lo que sabe se haría un gran silencio que podríamos invertir en lo que no sabemos” (Miguel de Unamuno)

 

Ha vuelto el mejor Amenábar. El de TESIS, LOS OTROS o su trabajo más redondo, MAR ADENTRO. Y ello a  pesar de que en ésta última comencé a atisbar algún signo sectario o dogmático (también he de subrayar que muy ligero, pero de ahí que prefiera MILLION DOLLAR BABY por aquello de tratar idéntico asunto, la eutanasia), que se acabaría manifestando molestamente  en la bienintencionada, pero fallida ÁGORA. Agradezco enormemente, y más con una historia tan delicada como la que tenía entre manos, que se aleje de cualquier vestigio de tendenciosidad.

Los personajes históricos, para bien y para mal, aquí puestos en liza y sellados con lacre en la historia española de una buena mitad del siglo XX, corrían el riesgo de ser retratados con exageraciones, pero el brillantísimo y sólido cineasta evita los escollos con suma habilidad, pericia, solidez y también quiero reconocerle honestidad. Al menos por lo que yo sé, percibo o intuyo.

Como bien ha señalado Carlos Boyero, “las películas de Amenábar te pueden gustar más o menos, pero su actitud y profesionalidad siempre me merecen respeto”. Amén. Lo suscribo plenamente. Y conste en acta que el hecho de no interesarme la imagen proyectada o que me llega –seguramente será un gran tipo, lo desconozco- de mi colega de profesión, no me provoca ceguera alguna para impedir reconocerle su enorme capacidad como escritor y opinante cinematográfico. Algo que en este país se lleva mal, y viendo MIENTRAS DURE LA GUERRA (título que queda perfectamente explicado en una escena) se corrobora una vez más. Me refiero al hecho de no ser capaces de separar en diferentes compartimentos (el personal, el profesional) estancos los supuestos méritos de aquellos con quienes coincidimos en lo político o en lo que sea.

Algo que padeció un Miguel de Unamuno magistralmente encarnado por Karra Elajalde (qué pedazo de actor), rector de la Universidad de Salamanca durante la sublevación que derivaría instantáneamente en la Guerra Civil. Un individuo que siempre me ha generado fascinación y con el que me identifico en tantas cosas, en lo cambiante de sus posicionamientos sin ir más lejos, sobre todo si ello conlleva defenestrar autoritarismos de cualquier signo. Un intelectual (esos que le generaban repelús al fundador de la Legión. “ustedes, los intelectuales, son muy valientes detrás de sus libros, en sus trincheras”) de férreos principios pero que practicaba algo tan necesario como dudar. Poseedor de un pensamiento muy especial, alejado de extremismos, personal, incluso particularmente existencialista. Lo que vendría a ser un librepensador a lo CLUB DE LOS POETAS MUERTOS. No me puedo reconocer más con él, salvo en esa superioridad intelectual de la que a veces parecía imbuirse.

Amenábar le retrata en su complejidad, con convicción y autenticidad, apoyándose en la perfecta armonía y comunión física conseguida con Elejalde. Claro que el resto de actores están prácticamente a idéntica altura. Me gusta fundamentalmente el Francisco Franco que se marca Santi Prego, por estar alejado de cualquier veleidad caricaturesca, por tratar de ir a su esencia y no a su fácil parodia (lo cual no le hubiera sentado nada bien al tono sobrio, veraz, que ofrece en todo momento la película). También el Millán Astray de ese siempre mayúsculo Eduard Fernández. Este justamente por lo contrario, por reflejarlo tal cual, pero este en sus maneras excesivas, volcánicas, desmesuradas hasta la bilis.

Y así el resto hasta llegar al más secundario. Desde Luis Zahora y Carlos Serrano-Clark, encarnando a los dos amigos de paseos y tertulias del filósofo, Atilano Coco y Salvador Vila, determinantes en el cambio de postura del filósofo. Por cierto, con este último obtiene una de las mejores y más relevantes secuencias de la cinta. Aquella en que las dos Españas discuten acaloradamente y casi hasta la extenuación. Afortunadamente, también representan a sus caras más tolerantes.

Y es que la sensación, honda, emotiva, que me embarga tras su finalización, es la de entender la necesidad imperiosa de ir juntos en el mismo barco, aunque el escepticismo sea igualmente inevitable, pues si hacen comparativa con la realidad actual, hay muchos aspectos que vuelven a repetirse o que no acaban de desvanecerse con/en el tiempo.

A propósito, me encantan tanto la primera como la última escena. Ambas tienen como protagonista a la bandera, a la española y a la republicana. En la inicial, la primera en blanco y negro va dando paso a la segunda. En la conclusión, esa decoloración –y nada desvelo- que la acompaña resulta muy sintomática.

Den por descontado que el célebre discurso –cuyo fragmento más recordado en buena parte figura al inicio de esta reseña: “venceréis pero no convenceréis…”- está reproducido con el detalle, la meticulosidad, la perfecta ambientación y la emoción justa y requerida.

Pero  no he detectado ni un solo minuto que tenga desperdicio en esta gratísima y morrocotuda sorpresa, hasta el punto de considerarla lo mejor filmado sobre nuestra Guerra Civil y nuestra idiosincrasia cainita, junto a la norteamericana ENCONTRARÁS DRAGONES. Y la mejor producción española de 2019 en sus  tres primeros cuartos, en compañía de DOLOR Y GLORIA de Pedro Almodóvar, BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS de Salvador Simó Busom y QUIEN A HIERRO MATA de Paco Plaza.

No la dejen escapar. Sería conveniente que los jóvenes acudieran en masa a verla. Y con esto nada más lejos de mi intención que pretender dar doctrina. No le gustaría además que así fuera al genial bilbaíno autor de LA TÍA TULA.

José Luis Vázquez