domingo, 22 de septiembre

Ciudad Real

Visita nuestra página en Facebook Síguenos en Twitter
Buscar
Logotipo de Ciudad Real Digital

Defendemos la caza política y económicamente, como recurso sostenible que crea riqueza

José Manuel Caballero, presidente de la Diputación de Ciudad Real

Estreno en Royal City

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Imprimir crítica

Érase una vez en... Hollywood ()

Director: Quentin Tarantino

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Michael Madsen, Tim Roth, Zoe Bell, Damian Lewis, Luke Perry, Emile Hirsch, Dakota Fanning, James Marsden, Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Damon Herriman, Nicholas Hammond, Keith Jefferson, Spencer Garrett, Mike Moh, Clu Gulager, Martin Kove, James Remar, Lena Dunham, Austin Butler, Leslie Bega, Maya Hawke, Brenda Vaccaro, Lorenza Izzo, Penelope Kapudija, Margaret Qualley, Rumer Willis, Dreama Walker, Costa Ronin, Madisen Beaty, Sydney Sweeney

Sinopsis: La película se centra en el panorama cambiante de Hollywood a finales de los años 60, cuando la industria empezaba a olvidarse de los pilares clásicos. La estrella de un western televisivo, Rick Dalton (DiCaprio), intenta amoldarse a estos cambios al mismo tiempo que su doble (Pitt). Sin embargo, la vida de Dalton parece que está ligada a sus raíces de Hollywood, puesto que es vecino de la actriz y modelo Sharon Tate (Robbie), que acaba siendo víctima de la familia Manson en la matanza de agosto de 1969. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 3 estrellas

“Las cosas no son como fueron sino como deberían haber sido” (John Milius en “El juez de la horca”)

 

Sin contar su episodio para FOUR ROOMS, ni que GRINDHOUSE y las dos historias que la componen –DEATH PROOF y PLANET TERROR- y KILL BILL se estrenaran en España –y en algún otro lugar- en dos entregas y el hecho de que de la su no considerada oficialmente opera prima –EL CUMPLEAÑOS DE MI MEJOR AMIGO- tan solo se conserven –debido a un incendio- 38 de sus 71 minutos originales (5000 dólares de su bolsillo le costaría el debut), ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD supone el noveno largometraje como director del inefable y brillante Quentin Tarantino. Eso quiere decir que si es fiel a lo proclamado por él mismo en numerosas ocasiones, supondría el penúltimo de los diez previstos hasta su retirada. Veremos qué pasa. De estos anuncios está repleto el empedrado de la Meca del Cine  y se han acabado desdiciendo innumerables profesionales, desde el ya habitual, contumaz más bien, Steven Soderbergh hasta el mismísimo Clint Eastwood, que para felicidad de este cronista vuelve a coger la batuta tras las cámaras, una vez dejada atrás la maravillosa MULA.

Lo que aquí hace en esta ocasión el inefable firmante de PULP FICTION, es su particular versión de ROMA. La de Cuarón, pues no se olvide que existe otra producción con dicho nombre debida a Federico Fellini, fechada comienzos de la década de los 70. Curiosamente, citando al genio de Rímini, bien podría ser considerado también este trabajo como un cruce genuinamente hollywoodiense entre sus AMARCORD y OCHO MEDIO. Y hago esa consideración, aparte de porque el propio autor así lo ha reconocido, porque bien pudiera interpretarse así por llevar a cabo la radiografía de un momento especial descrito tal y cómo quedó alojado en su memoria. Pero, a la vez, no deja de ser la certificación de un cambio de época, la del fin de los grandes estudios y aplastante dominio del Imperio hollywoodiense, y la del comienzo de otra manera de enfrentarse al proceso cinematográfico y que se extiende hasta nuestros días… ahora que acaba de fallecer el icónico Peter Fonda de EASY RIDER.

En su diseño hay mucho de flashes, de fogonazos, que a veces no parecen presentar una hilvane adecuado. Y me invade en los primeros compases algún síntoma de pesadez, algo imperdonable en un maestro de la energía y lo espectacular. Hasta me resulta dispersa y alargada innecesariamente, tal como sucede en el episodio del rancho hippie o en el rodaje del western televisivo, pero esto es algo más habitual en su sello  de fábrica.

Por supuesto me deslumbra en algunos momentos (la sesión de cine de Sharon Tate a propósito de su intervención en la divertida LA MANSIÓN DE LOS SIETE PLACERES), algún estallido de violencia brutal me impacta, respira cinefilia por todas sus rendijas (tal vez esto pueda ser un inconveniente para el gran público), pero no es precisamente el Tarantino que más me arrebata en los últimos tiempos. Y me tendría que remitir a los tiempos de GRINDHOUSE.

Desde luego sus recalcitrantes fans advertirán sus señas de identidad, puestas en esta vez al servicio de un artificio subido de revoluciones: su narrativa no precisamente lineal, tirar de esa extravagancia tan característica y querida por él a todos los niveles (y tan sumamente efectiva en tantas ocasiones), dilatación de secuencias, respirar pop antañón en todo momento y –esto incuestionable- una excelsa banda sonora, en la que se pueden encontrar incluso un singular tema de Los Bravos (y Mike Kennedy). Las referencias españolas no se quedan solo en esto, las hay también a Almería, a los spaghetti western o al eficiente Joaquín Luis Romero Marchent.

Pero tal vez el punto verdaderamente caliente de este proyecto resida en el “feeling”, en el buen rollito entre sus dos merecidísimos estrellones Leonardo DiCaprio y Brad Pitt. Se complementan muy bien, hay chicha y guasa entre ellos.

Sinceramente y pese a admitir que me lo paso bien en según qué instantes, no le acabo de coger el punto a este decidido canto de amor al cine y a la ciudad que lo respira en su grado mayúsculo, Los Ángeles. Un lugar mítico que tal vez perdiera la inocencia con el asesinato de Sharon Tate (se acaban de cumplir medio siglo –el 9 de agosto- de un hecho tan horrible). Por cierto, para mí lo mejor de la función es la aparición de una siempre resplandeciente Margot Robbie, encarnando a la musa de Roman Polanski. Precioso su retrato rebosante en ingenuidad y felicidad. Es igualmente de justicia destacar la advertible presencia de la hija de Andie McDowell como una descarada happy flower.

Y, por supuesto, a un yanquimaníaco como el que esto escribe, me es inevitable que le encante ese paisaje urbano (y rural) de Cielo Drive, de las marquesinas de los teatros y los cartelones de películas, de los anuncios fluorescentes, los autocines o los drive in.

Son varios los que la que consideran suma y compendio de su carrera. Yo no me atrevería a decir tanto. Sí la considero una fábula imperfecta, como en el fondo lo es la mayor parte de su obra, en la que los detalles importan, pero estos me resultan divagantes y cansinos en algunos momentos.

Mi condición cinéfila la disfruta por la ingente ristra de nombres y guiños de la más pura y genuina serie B; la de espectador, tan solo intermitentemente… pese a reconocer su fastuosa (aunque también disgregada) puesta en escena, aunque habría que matizar que se entiende como tal… y me temo que esto es tan diverso y complicado como los gustos.

PD: No abandonen todavía la sala tras el inicio de sus títulos de crédito.

José Luis Vázquez