jueves, 21 de mayo

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Estreno en Royal City

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El beso de la muerte ()

Director: Henry Hathaway

Intérpretes: Victor Mature, Richard Widmark, Brian Donlevy, Coleen Gray, Karl Malden, Taylor Holmes, Mildred Dunnock

Sinopsis: Un delincuente de Nueva York, Nick Bianco (Victor Mature) es herido y arrestado durante un asalto a una joyería. En el juicio, el fiscal Louis D'Angelo (Brian Donlevy) le ofrece reducir su condena, si entrega los nombres de sus compinches, pero Nick se niega a ello. Después de tres años en prisión, Nick se entera de que su esposa se ha suicidado y sus dos hijas están en un orfanato. Decide entonces negociar con el fiscal D'Angelo y entregar los nombres de sus cómplices. Sin embargo, el fiscal le exige que colabore también en la captura de Tommy Udo (Richard Widmark), un asesino y psicópata, cosa que el acepta. Nick es liberado y logra rehacer su vida con una nueva esposa y sus hijas. Pero Tommy Udo es liberado, y Nick comprende que lo buscará para tomar venganza.En 1995 el realizador Barbet Schroeder dirigió un remake protagonizado por Nicolas Cage. (FILMAFFINITY)

Crítica de José Luis Vázquez

Valoración: 5 estrellas

Pocos debuts en la historia del cine han sido tan impresionantes (nominación al Oscar, Globo de Oro como nueva estrella del año), tan escalofriantes, como el del formidable actor norteamericano Richard Widmark en este excepcional “thriller” policíaco.

Dos momentos así lo atestiguan y culminan. En uno de ellos tiene como destinataria de su psicopatía criminal a una anciana en silla de ruedas con el marco de fondo de unas escaleras. El segundo tiene que ver con unas cortinas tras las que se encuentra.

Es Tommy Udo, un sicario sin el menor atisbo de piedad, desequilibrado, sádico, de sonrisa y voz inconfundible y risa de hiena. Para esto último se hace imprescindible escucharle con su voz original, nada de doblajes.

Esta producción es una de las habituales y espléndidas que rodaba por esas fechas el enorme Henry Hathaway, que vuelve a tirar de un envidiable pulso y contención narrativas. Inscritas en el cine negro, se caracterizaban por su carácter realista, semi documental y por ser rodadas en un considerable porcentaje en exteriores, desde restaurantes a hoteles, pasando por palacios de justicia, cárceles que aquí van desde el Bronx a Sing Sing o incluso edificios. La que me ocupa la rodó entre otros dos memorables exponentes de lo comentado, ENVUELTO EN LA SOMBRA (1946) y YO CREO EN TI (1948). Sinceramente, son tan sumamente buenas las tres, que no sabría con cuál quedarme.

En uno de esos bloques de varias plantas transcurre la magnífica secuencia inicial, demostrativa de una de las muchas virtudes de su director. Una ejemplar tensión aplicada a una secuencia de robo, en el que un ascensor y el silencio resultan elementos perfectamente manejados, al igual que el montaje paralelo. El silencio, la falta de sonido (también la utilización de sombras) u otros aderezos, vuelve a resultar importantísimo en el enfrentamiento final entre los dos protagonistas.

Narrada en flashback por el personaje de esa más que apreciable actriz que fue Colleen Gray, tal vez esa misma voz en off resulte innecesaria en su colofón (la censura metió en algunas cuestiones la zarpa, rechazó el primer guion y maquilló el hecho de que la policía tuviera que recurrir a soplones para resolver un crimen). Respecto a la esposa oficial de Bianco, fue obviada la relación mantenida con el gangster Rizzo. Se eliminó del montaje final, en otra poda que vino también desde instancias recortadoras.

Presenta dos partes más o menos diferenciadas. En la primera se muestra la evolución hasta llegar a la redención de Victor Mature (un actor mejor de lo que se le ha solido tildar habitualmente; de acuerdo, un tanto adusto, tétrico, hierático, pero eficaz y como leí en una ocasión, comunicador con las pupilas). La segunda alude al enfrentamiento descarnado entre éste y el citado Widmark.

Me parecen un acierto las varias elipsis que la salpican, especialmente las referidas a las de los juicios, las que suceden en la sala de tribunal.

Dos aspectos más a destacar. Por una parte, el admirable guion de dos fuera de serie, Ben Hecht y Charles Lederer (responsable de los diálogos), responsables entre otros de la magistral comedia LUNA NUEVA. Para el mismo se inspiraron en una historia de Eleazar Lipsky, jurista y escritor de origen judío, con gran y dilatada experiencia en ambientes judiciales y de comisaria (también políticos).

Por la otra, el fiscal que encarna convincentemente Brian Donlevy, futuro profesor Quatermass de ese modélico tríptico de ciencia-ficción. Es un individuo paternalista, comprensivo, humanista.

Un título imprescindible de la Fox, del género, del cine de los 40 y de la historia del cine en general.

José Luis Vázquez