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Yo no estoy vivo, soy un superviviente nada más

Fernando Savater, filósofo y escritor

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Viernes, 8 de noviembre

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Foto: Shuzhen Zhou y Ankwafina en The farewell/The farewell

-Centro en un par de estrenos el que puede ser el mejor del fin de semana. Me decanto finalmente por una producción independiente norteamericana con coproducción china titulada THE FAREWELL (THE FAREWELL):

Le acabo cogiendo, bastante cariño a la entrañable familia retratada en esta agradabilísima y encantadora producción independiente norteamericana con importantes incrustaciones del país de Zhang Yimou.

Otra vez Oriente y Occidente salen a la palestra para ser contrastados. Pero sin agresividad ni intemperancia, más bien todo lo contrario, con esa delicadeza propia de los países asiáticos y la determinación propia del orbe en el que vivimos, en el que Estados Unidos es el faro guía.

Es lo que se viene denominando desde hace ya tiempo una "dramedy", en la que su parte dramática está muy atenuada y la de comedia está tratada con una reconfortante ligereza, ligereza de la que se hace eco durante todo su metraje la manera con la que nos es contada. Sin que por ello pierda trascendencia, pero sin ponerse ni pomposa ni petulante.

La sencillez es su marca de fábrica principal. Y precisamente esgrimir eso qué difícil es tantas veces conseguirlo. Aquí se logra, sale muy bien parada.

Por supuesto, su directora, la china estadounidense en el que es su segundo largometraje, muestra influencias del cine del grandísimo Ang Lee en su primera y breve etapa taiwanesa, previa a su desembarco hollywoodiense. Me refiero a esas no menos deliciosas EL BANQUETE DE BODA y COMER, BEBER, AMAR.

También asoma la nariz una película alemana de bastante éxito, GOOD BYE LENIN. Y lo hace porque al igual que ésta fundamenta su leiv motiv principal en la mentira; de hecho, ese “basada en una mentira real” del comienzo resulta de lo más ilustrativa y esclarecedora, toda una declaración de principios (a su conclusión, justo pre créditos adquiere todo su significado). Aclaro, la esgrimida no resulta flagrante, sino piadosa, pues en lo que consiste es en ocultarle a una anciana que padece una enfermedad terminal. Aunque, a su vez, ello de pie para poner al descubierto, de nuevo levemente (al respecto, resulta muy sutil), otras, de carácter diferente, alusivas que se hacen unos a otros o a sí mismos. Por tanto, puede ser interpretada como un tratado sobre la ocultación de la verdad puede ser entendida. Todo un ejemplo de cine moral sin moralina.

La protagonista, la rapera norteamericana de origen igualmente chino Awkwafina, es un perfecto alter ego, o trasunto de la cineasta, desenvolviéndose con naturalidad y adecuada expresividad. El resto de su reparto coral es de una autenticidad de lo más simpática e incluso conmovedora, reflejado especialmente este último aspecto en algunas apariciones de la veterana Shuzhen Zhou.

Una muy buena selección musical, preferentemente clásica, contribuye igualmente a concederle ese diapasón rítmico que no necesita de elevaciones de voces.

No es la película del año, ni mucho menos, pero constituye una muy grata sorpresa. Son de esas que las pueden ver al cabo de tiempo y es posible, como creo me pasará a mí, que decidan volver a instalarse en ella durante poco más de hora y media que es lo que dura.