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Solo la educación nos da esperanza y futuro

Muzoon Almellehan, refugiada y embajadora de Unicef

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Jueves, 11 de julio

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Foto: Carice van Houten en El libro negro/Zwartoboek/Black book

-Siempre me ha encantado el cine de Paul Verhoeven, tanto en su inicial etapa neerlandesa como en la brillantísima –y a veces no suficientemente ponderada, caso de SHOWGIRLS o STARSHIP TROPPERS (LAS BRIGADAS DEL ESPACIO)- norteamericana. Tras esta, el regreso a su Holanda natal le serviría para, aparte de continuar mostrando su extraordinario talento, ajustar cuentas con el pasado de su país, el referido a la época nazi mediante la formidable y apasionante EL LIBRO NEGRO (ZWARTBOEK/BLACK BOOK):

No conozco en profundidad el cine holandés o el de los países bajero, pero por lo que conozco, sin duda Paul Verhoeven es el mejor cineasta de toda su historia. Y, también, sin duda, uno de los mejores europeos de las décadas de los 70-80-90.  

Hasta tal punto lo creyeron también los americanos que lo ficharon en cuanto pudieron para su industria, pese a lo atrevido, provocativo y carnal de su cine. Aportó a la industria hollywoodiense títulos magníficos y de lo más sugerentes. LOS SEÑORES DEL ACERO, ROBOCOP, DESAFÍO TOTAL, LAS BRIGADAS DEL ESPACIO, INSTINTO BÁSICO, EL HOMBRE SIN SOMBRA o la injustamente denostada SHOWGIRLS son un inmejorable muestrario de ello. No hay que olvidar que en los años 70 había regalado películas tan apreciables como DELICIAS TURCAS (nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa), ERIC, OFCIAL DE LA REINA o la impecable EL CUARTO HOMBRE, ésta ya de 1983.  

El tema de las relaciones en algunos casos un tanto vergonzosas entre la Resistencia de su país y los nazis era un asunto al que le venía dando vueltas casi desde el comienzo de su carrera, le atraía poderosamente. Pero prefirió madurar su estilo y su propia vida para emprender un proyecto tan delicado y arriesgado. Mereció la pena la espera, el resultado obtenido es prácticamente inmejorable. Fue la primera película que rodó en su tierra tras su periplo estadounidense.  

En EL LIBRO NEGRO (ZWARTBOEK) confluyen elementos argumentales habituales en su obra, como el sexo o la violencia, pero en esta ocasión adaptados a un contexto histórico muy concreto.  

Verhoeven vuelve a mostrar ese inmejorable pulso que tiene para crear situaciones morbosas, de perturbador erotismo y acción expeditiva. Llevó a cabo un trabajo muy enriquecedor temáticamente y tan potente visualmente como nos venía teniendo acostumbrados.  Los giros, las situaciones imprevistas (a propósito de un ataúd monta una secuencia vertiginosa y memorable), el ritmo trepidante son en esta ocasión otras señas de identidad. Formidable el trabajo de sus dos protagonistas, Carice Van Houten y Sebastian Koch, y del resto del eficaz y convincente reparto neerlandés.  

Más atrevida y explícita, a tono con los tiempos, no deja de recuperar el estilo de las viejas y clásicas películas de este corte, en las que el amor, la intriga, la aventura, la acción y el suspense están sabiamente entremezclados.  

Una película de las que deja clavado en todo su mejor sentido y sin resuello desde el comienzo hasta el final.  

-Era de prever, el pase de TOY STORY 4 (TOY STORY 4) en Los Jueves al Cine concita una gran expectación y entrada pese a llevar 3 semanas en cartel. Está siendo con toda justicia el gran éxito de lo que llevamos de incipiente verano. Le dedico la sesión a mí madrina, Paz Pousa, fallecida este miércoles. Una segunda madre, una gallega de una enorme estatura física y moral:

Va a ser difícil que, de aquí a final de año, surja una película de animación mejor que esta. Claro que lo mismo afirmé por estas fechas el año pasado (verano de 2018) cuando se estrenó LOS INCREÍBLES 2 y a punto de finalizar el año llegaría la sorpresa con la estupenda SPIDER-MAN: UN NUEVO UNIVERSO, que incluso logró superarla.

De todas formas, indistintamente de las puntuales competidoras que puedan surgir, mantener tan altos niveles de imaginación y creatividad en una tetralogía como la que ya supone la comentada es un logro inusual. Por supuesto, Pixar es capaz de esto y de más. Incluso voy más allá y no hace falta llegar al infinito, es tal la preparación y el talento de la extensa plantilla que la componen que se puede permitir el hecho de que no estén al frente los creadores originales y que no por ello baje un ápice el listón.

Es el turno en esta ocasión de Josh Cooley. Artista de guion gráfico en varios títulos de la casa (en LOS INCREÍBLES, UP o RATATOUILLE), adquirió notoriedad y relevancia como guionista de la formidable INSIDE OUT (DEL REVÉS). Precisamente esa profunda psicología de fondo que adornaba aquel título, revertida de forma amena al espectador, es de nuevo patente aquí, pues, aunque no haya firmado su libreto, sí ha sido partícipe de la historia desde su idea de partida.

Cooley retrata diversas actitudes con las que encarar la vida a través de esos juguetes, sentimientos que son perfectos trasuntos de los propios seres humanos. Habla de asumir responsabilidades, de no escudarse en las obligaciones contraídas con los demás para no enfrentarse a la vida propia, de madurar… algo en lo que ya se incidía en la anterior y fabulosa entrega.

Y, a tono con los tiempos, es también una historia empoderada, feminista, aspecto, aires por otra parte hace un tiempo que llegaron a este mundo, con BRAVE sin ir más lejos. Algo traducible a través de la relevancia que se le concede a Bo Peep (Betty), esa indómita pastorcilla de porcelana antiguo amor del valiente, leal, noble y solidario vaquero Woody, que se ha convertido en una mujer que gobierna su vida, de mundo, en toda una lideresa.

Además, aparte de apuntalar y seguir enriqueciendo el carácter de los personajes ya conocidos, no dejan de aportarse otros nuevos, algunos francamente simpáticos como ese tenedor con alma de residuo, Forky, reconvertido en uno más de la pandilla, alguien que también tendrá que afrontar los afectos que le vinculan con la niña, con Bonnie. O el intrépido motorista Duke Caboom.

De paso, se añaden elementos terroríficos, pues si en TOY STORY 3 (probablemente mi favorita de todas si tan solo tuviera que escoger una) el western era motivo de homenaje en una memorable y vertiginosa secuencia, esta vez mediante unos muñecos ventrílocuos del tipo MAGIC, CHUCKY (MUÑECO DIABÓLICO) o SILENCIO DESDE EL MAL, se ofrece algún guiño al género de sobresaltos. También Gabby Gabby es una aportación inicialmente un tanto inquietante, aunque con su buena dosis de ternura a cuestas en su afán de ser querida por una cría humana.

Pero lo importante es que todo en esta maravilla vuelve a resultar un continuo y diverso carrusel de emociones, de acción, amor, comedia, aventuras. Otra muestra de la capacidad de reinventase de la saga a través del primer título que abriera el fuego de la factoría. Veinte películas después las virtudes que deslumbraran con aquella primera aparición permanecen intactas y potenciadas por unos efectos digitales cada vez más sofisticados.

Y no sé si con esta última aportación que conforma la tetralogía las andanzas de Woody, Buzz Lightyear, Jessie, Mr. Potato y tantos otros simpatiquísimos y entrañables colegas, habrán llegado a su fin o nos darán en el futuro más alegrías, pero si acabara tal y como lo hacen aquí sería una preciosa manera de decir adiós. Supongo que mandarán los dólares, algo que afortunadamente no está reñido en este caso con la calidad.

En cualquier caso, larga vida a TOY STORY, bien sea porque en el futuro puedan surgir nuevas correrías, bien por el placer que siempre supone revisar una y otra vez cualquiera de los títulos que la conforman, un placer inagotable para todos los sentidos. Musicalmente la banda sonora de Randy Newman no deja de reportar placenteras sensaciones.

No se la pierdan tengan la edad que tengan, pues seguramente los mayores la puedan disfrutar tanto o aún más que los pequeños.