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He ido de fracaso en fracaso

Imanol Arias, actor

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Lunes, 15 de abril

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Foto: Robert Walker y Judy Garland en El reloj/The clock

-No hay sesión de Clásicos del Deicy por descanso vacacional, pero me la monto por mi cuenta en la feliz calma del salón de casa. Ni más ni menos que un título imprescindible del cine romántico de los años 40, momento floreciente del género… EL RELOJ (THE CLOCK) del exquisito y maestro, grande entre los grandes, Vincente Minnelli:

Espero de todo corazón que el descubrimiento de esta preciosa película romántica, sin estrenar en su momento -1945- en los cines españoles, suponga toda una feliz sorpresa para muchos.

Mi devoción hacia la misma surgió de una emisión nocturna en la Televisión Española de mediada la década de los 70, cuando tan solo tenía 13 años. Me dejó completamente abducido aquél primer visionado. Creo que ahí comenzó a surgir mi fascinación idealizadora por la Gran Manzana, por Nueva York. De hecho, me parece una de las cinco ocasiones donde mejor sale retratada en una gran pantalla, en este caso en glorioso blanco y negro, tras títulos como JENNIE, MANHATTAN, WEST SIDE STORY o EDDY DUCHIN. Hay cientos de ejemplos más. Las luces de Manhattan pese a que no contengan color se muestran más radiantes que nunca. Lo más llamativo del caso es que la mayor parte de sus contornos fueron recreados en estudio.

También, probablemente, constituya una de mis cuatro interpretaciones favoritas de la mítica y vulnerable Judy Garland, junto a la versión Cukor de HA NACIDO UNA ESTRELLA, CITA EN SAN LUIS y la inevitable EL MAGO DE OZ. Por supuesto, habría que añadir otras aportaciones, como las llevadas a cabo para ÁNGELES SIN PARAÍSO, POR MI CHICA Y POR MÍ, LAS CHICAS DE HARVEY o VENCEDORES O VENCIDOS en una breve, pero sustanciosa aparición.

THE CLOCK/EL RELOJ es uno de sus escasos trabajos en el que no canta ni un solo tema, ni baila, lo cual sirve para poder comprobar el enorme talento dramático de esta menuda y enérgica actriz, madre de Liza Minnelli.

Además, con su partenaire Robert Walker, forma aquí una pareja que rebosa química y engarce. Lástima el desenlace en la vida real de este actor estadounidense de Salt Lake City. El protagonista de títulos tan estupendos como TREINTA SEGUNDOS SOBRE TOKIO, VENUS ERA MUJER o EXTRAÑOS EN UN TREN del mismísimo Hitchcock, falleció en 1951 a la tempranera edad de 32 años debido al consumo de drogas, tras sufrir una larga y durísima depresión.

Como siempre digo, lo mejor es quedarse con los momentos luminosos de los seres humanos y con sus esplendores artísticos, como es el caso.

Y de su director, Vincente Minnelli, en el momento del rodaje esposo de Garland, habría que quedarse con toneladas de esplendores artísticos. Puede que haya sido el cineasta más exquisito formalmente que haya dado la historia, junto a Ophüls y algún otro más.

Su trabajo en esta ocasión alterna cierta sofisticación con una sencillez narrativa aplastante. La manera que tiene de contar esa historia de amor de la oficinista y el soldado de permiso en 48 apresuradas y plenas horas, que se inicia en la bullente estación Grand Central de Nueva York, es de un encanto, una delicadeza, un cuidado por el detalle, una sensibilidad, una ternura que noquean por su magistral simplicidad.

Los magníficos secundarios James Gleason y Keenan Wynn como, respectivamente, un lechero y borrachín, acentúan el punto amable y humano de este embelesador y realista cuento de hadas para adultos.

No es la típica producción Minnelli exuberante y colorida y, es por ello, por lo que conmueve aún más. Cómo es capaz de elaborar con simples mimbres una cesta tan suntuosa dramática y visualmente. Precisamente la rodó entre dos musicales memorables, sobre todo el primero, que se ajustaban más a las que eran sus constantes vitales, el ya mencionado CITA EN SAN LUIS, de nuevo con su mujer y el más desconocido –inédito en España- pero deliciosamente onírico y hasta psicotrópico YOLANDA Y EL LADRÓN.

La fotografía de George J. Folsey potencia las formas y los entornos retratados con sumo esmero por el cineasta y por los que se desenvuelven esos dos seres que apuran vertiginosamente los impulsos del corazón, para los que el tiempo va en acelerada contra. Es fácil que ante situaciones límite todo se acelera más, lo que sentimos puede ir muchísimo más deprisa.

Grandísima, enorme, insólita producción Metro necesitada de urgente revisión. Francamente conmovedora, irrepetible.