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Barricada Cultural

 

Federico II el Grande

por María Delgado

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Un 17 de Agosto del año 1786 fallecía en Postdam (en la actual Alemania), sentado en un sillón de su estudio particular en el palacio de Sanssouci, el tercer rey de Prusia, Federico II el Grande, perteneciente a la Casa de Hohenzollern.

Había sido un gran gobernante, muy querido por su pueblo, ya que elevó la pequeña Prusia a la grandeza, y modernizó el Estado adaptándolo a las necesidades de la época. Para sus súbditos resultó un agradable contraste con el anterior rey, su padre, el autoritario y adusto Federico Guillermo I.

Federico II es ensalzado sobre todo por su reforma del ejército, que convirtió al país en una gran maquinaria bélica. Los historiadores alemanes, especialmente en los siglos XVIII y XIX, le consideraron como el modelo romántico de guerrero, noble y leal, siempre en busca de la gloria y el honor. En la época del nazismo, fue tenido como el gran precursor de Hitler, y por este motivo, su popularidad decaerá en la Alemania de posguerra.

Pero Federico resultó también apodado como “el rey filósofo” y “el rey músico”, ya que practicaba ambas disciplinas. Fue un rey culto, que amaba la literatura francesa, los clásicos griegos y romanos, la poesía, y la filosofía. Se carteaba con ilustrados franceses, y más tarde sería considerado como un gran representante del despotismo ilustrado, tan en boga en su siglo.

En base a estas ideas, modernizó y simplificó la burocracia y la Administración Pública prusianas, así como el sistema judicial, que hizo más humanitario. Apoyó la Literatura y las Artes en su país, pero ello no fue óbice para que promulgase leyes de censura cuando lo creyó conveniente. Asimismo, predicaba la tolerancia religiosa, aunque también autorizó persecuciones y opresión cuando fue necesario para la estabilidad social de su reino.

Su apodo de “el Grande” le sobrevino tras las victorias obtenidas en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), donde Prusia había demostrado su perfecto engranaje bélico, obteniendo numerosos territorios que la engrandecieron y compactaron sus dominios.

La sombra de una presunta homosexualidad acompaña a su figura, aunque no hay datos concluyentes que la sostengan. Todo se basa en comentarios y suposiciones de amistades como Voltaire, quien lo calificaría como una “alegre ramera”, su excesiva familiaridad con pajes y cadetes, así como por el hecho de que no tuviese descendencia con su esposa, Isabel Cristina de Brunswick-Bevern, con quien se casó por imposición paterna.

Lo cierto es que sus escritos demuestran que Federico II tenía una muy pobre opinión de las mujeres; a pesar de ello, tuvo siempre una gran consideración y alta estima a su madre, la muy culta y carismática Sofía Dorotea de Hannover, y a su hermana Guillermina, con quien conservó una gran complicidad a lo largo de toda su vida.

Fue enterrado por petición propia junto a sus galgos, en los terrenos de su palacio preferido: Sanssouci; pero el sucesor en el trono, su sobrino Federico Guillermo II, ordenó que los restos fueran llevados a la Iglesia de la Guarnición de Postdam. Tras diversos traslados durante el pasado siglo XX, fue finalmente depositado en el Patio de Honor de Sanssouci, el 17 de Agosto de 1991. Desde entonces, una losa de piedra marca el lugar de su sepultura, y es permanentemente escoltada por una guardia de honor de la Bundeswehr.

Siempre será recordado Federico el Grande como el ejemplo perfecto de monarca adepto al despotismo ilustrado, y como el rey guerrero victorioso y ecuánime. Como todos, tuvo sus luces y sus sombras, pero merece que nos detengamos un instante a considerar su figura. Si en algún momento os acercáis a Postdam, no dejéis de visitar el palacio y su tumba.

¡Nos leemos!

 

Foto: es.wikipedia.org