Barricada Cultural

 

03/01/2018

Aspectos psicológicos del juego online: el juego patológico y las nuevas tecnologías

por Teresa Utrilla (Máster en Economía y Derecho del Consumo)

La participación compulsiva en el juego está asociada a una patología denominada juego patológico o Ludopatía, desarrollada por aquellas personas que no pueden reprimir el impulso de participar en el juego, convirtiéndose éste en el centro de sus vidas y dañando seriamente sus relaciones personales, familiares y laborales. La Ludopatía fue reconocida oficialmente como enfermedad en 1980. La sintomatología de este tipo de problema consiste en la incapacidad de resistir el impulso de llevar a cabo la participación en el juego como acto que es dañino para el individuo y para los demás, la experimentación de una sensación creciente de tensión antes de llevar a cabo el acto así como de la sensación de placer en el momento de realizar el acto de juego, pese a que inmediatamente después pueden aparecer sentimientos de culpa. Asimismo se utiliza como vía de escape de problemas cotidianos y de estados de ánimos deprimidos o disfóricos. Algunos autores han indicado que los criterios definidos para determinar el juego patológico y el abuso de sustancias estupefacientes son básicamente los mismos si se sustituye el juego por la sustancia adictiva.

La conducta de las personas afectadas por esta patología puede llevar aparejada el recurso constante al juego para intentar recuperar el dinero perdido, el deterioro de la situación financiera por el endeudamiento de la persona así como el recurso al crédito e incluso a la realización de actos ilegales como el fraude, la falsificación y el desfalco para poder financiar el juego.

Según el Estudio de Prevalencia realizado por la Dirección General de Ordenación del Juego en el año 2015, las personas que presentan la patología tienden a jugar a un mayor número de juegos online y a participar en mayor medida en juegos como las cartas con apuesta económica, el bingo, las apuestas, la ruleta y el póquer. Existe una relación directa entre el gasto medio realizado mensualmente y el nivel de patología, ya que conforme la ludopatía se acentúa también se incrementa la inversión en el juego online, mostrándose un mayor grado de implicación y dedicación, reduciéndose el porcentaje de gasto en los juegos presenciales pero sin que éste llegue a desaparecer.

Estas personas llegan a ser conscientes de que el gasto realizado en juegos de azar puede llegar a ser excesivo y 8 de cada 10 son capaces de reconocer que alguna vez ha tenido problemas de juego excesivo o de dependencia, reconociendo por tanto que tienen un problema con el juego.

En cuanto al entorno del jugador el 40,9% de las personas con patología encuestadas reconoció que no le había comentado nada sobre su problemática con los juegos de azar a su entorno más cercano. Asimismo el 50% de las personas jugadoras con problemas o patologías tenían a su vez personas de su entorno familiar o círculo de amistades que habían tenido problemas con los juegos de azar. El 25% afirmó jugar menos que lo que jugaban con anterioridad a cuando reconocieron el problema a las personas de su entorno.

Las personas que tienen un grado mayor de problemática se muestran socialmente más aisladas y son las que tienden, en mayor medida, a planificar de forma no responsable su participación en el juego, invirtiendo un mayor número de horas en el juego, dedicándole 6 o más horas semanales.

Asimismo se comprobó que la iniciación en los juegos de azar era relativamente temprana, afirmando el 44,8% de las personas con patología haber comenzado a jugar antes de la mayoría de edad. La principal motivación era la de ganar dinero, junto la concepción del juego como una costumbre socialmente aceptada y un elemento de diversión.

Algunos psicólogos especialistas en la materia han apuntado que se ha producido un significativo cambio de perfil en las personas que sufren trastornos ludópatas. Si antes quienes reclamaban terapia psicológica por este problema eran varones de en torno a los 60 años con grandes pérdidas económicas por el uso de las máquinas tipo B, la ruleta, el casino o el bingo tradicional y con una situación conyugal al borde del divorcio, ahora acuden a consulta varones jóvenes de clase social media-alta pertenecientes a familias bien estructuradas, acompañados de sus padres, que son los verdaderamente conscientes del problema, frente a la percepción del afectado, que niega tener un problema con el juego, afirma que pese a que en ese momento no está en racha se dedica a esta actividad con un enfoque profesional y que obtiene grandes sumas de dinero. La tasa de abandono de la terapia es muy alta.

La evolución hacia este tipo de perfil está relacionada con la íntima conexión entre la adicción al juego y la adicción a las nuevas tecnologías, potenciándose y retroalimentándose la una a la otra. El discutido término “nativo digital”, vendría a designar a las generaciones nacidas a partir de los noventa con alta competencia para el uso de las nuevas tecnologías por el hecho de tener acceso a ellas desde la más tierna infancia. Éste alto dominio, sobre todo de la web, ha traído consigo que casi una quinta parte de los adolescentes hayan jugado a apestas online antes de cumplir la mayoría de edad, con el innegable riesgo de adquirir una adicción. Asimismo la facilidad para aprender, acceder a la actividad, que suele ser muy divertida y la disponibilidad a través de Smartphone, Tablet o cualquier dispositivo similar así como el desarrollo de aplicaciones para dispositivos móviles (“Apps”), junto a la inmediatez inherente a las partidas y al cobro de los premios, son factores a tener en cuenta para comprender la transformación del ludópata típico en alguien a quien nadie puede imaginar que desarrolla esta actividad en la más estricta privacidad, con una fuerte sensación de control que acrecienta su percepción de experto, realizando en muchas ocasiones apuestas en vivo y relacionadas con cualquier actividad y lugar del mundo, que añaden a la actividad un plus de riesgo y placer. Los psicólogos especialistas en adicción al juego están alertando de que el mundo de las apuestas deportivas se está convirtiendo en la gran puerta de entrada de la juventud a la ludopatía, unido a una publicidad altamente agresiva protagonizada en muchos casos por grandes estrellas del deporte. Curiosamente, éste es el segmento más potente del juego online.

Por otra parte el uso de las redes sociales, constituye otra puerta de acceso de los menores al universo del juego online, pues los spam con contenidos publicitarios para acceder a los sitios web de juego son muy habituales en todas las redes. Asimismo plataformas como Facebook contienen servicios de juego en línea gratuitos a los que los usuarios pueden acceder mientras intercambian mensajes con el resto de jugadores. Otro elemento que merece especial atención por los mismos motivos son los servicios digitales prestados a través de apps de juegos gratuitos; se trata de aplicaciones de uso común por niños y adolescentes en tablets y smartphones, que llevan aparejadas compras integradas, induciendo a error a los consumidores sobre su verdadero coste, incitando a la compra de elementos adicionales que se cobran automáticamente y sin una dirección de contacto para el consumidor.

A la hora de abordar la regulación del sector debería considerarse profundamente la relación de actividades del entorno digital permitidas a los menores de 18 años, como videojuegos, juegos gratuitos y acceso a las redes sociales, ya que por sus características, si son utilizadas de forma inadecuada, pueden fomentar la adicción a las nuevas tecnologías, constituyéndose en la antesala para un acceso inadecuado e irresponsable al juego online una vez cumplida la mayoría de edad.

 

Foto: mepiar.com

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