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El referéndum no es transparente, no puede representar a nadie

Joan Manuel Serrat, cantautor

Diario de un Cinéfilo Compulsivo

 

Miércoles, 13 de septiembre

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Foto: Keir Gilchrist, Maika Monroe y Lili Sepe en It follows/It follows

-Nada mejor que recurrir a los horrores ficticios para evadirme temporalmente de los horrores cotidianos, los que escupen por ejemplo los informativos de cualquier televisión. Vuelvo a revisar uno de los mejores títulos de terror visto en los últimos tiempos, IT FOLLOWS (IT FOLLOWS): Me resulta tan apasionante como en el momento de su estreno. Me gusta mucho más que la resultona IT aunque ésta dejará una mayor huella en taquilla que aquélla, una producción más bien minoritaria aunque no acabe de entender bien el porqué, pues es una propuesta de lo más sugerente, atractiva y de lo más accesible… siempre dentro de lo rica que resulta en contenidos e ideas.

Bien pudiera despistar de por dónde van los verdaderos tiros, al menos los más profundos y formales, el brillantísimo comienzo de esta esplendida película de terror, una de las mejorcitas contempladas por este cronista en lo que va de milenio.

Lo digo porque pueden ser varios los que piensen que van a asistir a la enésima versión de “slasher” virulento e indiscriminado destinado a adolescentes gritones.

De todas formas, el plano secuencia con el que prácticamente arranca ya nos indica que lo que se nos va a contar no tiene qué ver con los parámetros habituales y sobados, que la forma de filmar va a ser otra, que la profundidad de campo o el plano general van a otorgarle una personalidad propia, muy particular.

Su título IT FOLLOWS, traducido por algo así como TE ESPERA, deja intuir la amenaza que va a sobrevolar durante todo su metraje, aunque bien visto, no deja de suponer un significado de lo más polisémico.

Estamos ante un ejemplar exponente de terror de atmósfera inquietante, presagiadora. Hipnótica, perturbadora y sugerente son tres calificativos utilizados por algunos de los que la han visto y creo que resumen perfectamente sus intenciones, su carta de naturaleza. Estamos ante un impecable ejemplo de cine de terror estilizado, de sombras y presencias inquietantes, de miga psicológica.

Son varias las interpretaciones que se pueden hacer sobre lo que vemos en pantalla. Tal vez sería conveniente quien haya podido descubrirla, tener presente la opera prima –este es su segundo trabajo- de su todavía joven e imaginativo director, David Robert Mitchell, titulada EL MITO DE LA ADOLESCENCIA (THE MYTH OF THE AMERICAN SLEEPOVER). Si en esta se hablaba del tránsito de la niñez a esta otra etapa, aquí avanzamos un peldaño más y de lo que va es del paso ya dado de la pubertad al umbral de una abrupta juventud que comienza a avocarte a superar traumas o tomar decisiones.

Por tanto, el sexo actúa como elemento detonante de frustraciones o liberador de entidades malignas. Estas aparecen como consecuencia de acostarse con el chico equivocado, pero sin que en ningún momento, ni por asomo, haya algún tipo de intencionalidad moralizadora.

Cierto que al resto de amigos, de los que no nos son narradas actividades en este terreno siempre frágil, no se ven violentados salvo el que traspasa el umbral, no así el eterno enamorado de mirada aborregada. La amistad constituye un buen antídoto contra sus efectos nocivos. Y los adultos no aparecen en escena.

Para mayor desolación y tristeza, la historia está ambientada en una decadente y deshabitada Detroit, lo que contribuye a acentuar más su carácter melancólico y desolador.

Es una muestra del género extrañamente lírica y angustiosa a la vez. Montaje, fotografía, banda sonora, movimientos de cámara, inclusive interpretaciones está utilizado todo ello de manera diferente a lo habitual, a lo más trillado. Y es que esta es, esencialmente eso, una propuesta distinta, singular, apasionante. Por tanto, absténganse los amantes en exclusiva del susto más quincallero –y aseguro que genera absoluto desasosiego- o del efecto sanguinolento. No van por ahí los escalofríos.

Algún colega ha apuntado que es un bello poema de horror, no seré yo quien le desdiga. 

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